Europa levanta un nuevo muro migratorio: así transforma el Pacto de Migración y Asilo de 2026 la política europea Por: Dr : lahoucine Bekkar Sbaaï

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Analista político y experto estratégico. Director del área de África y Cooperación Internacional

Con la entrada en vigor del nuevo Pacto Europeo de Migración y Asilo en 2026, Europa entra en una nueva fase en la gestión de uno de los asuntos más complejos y sensibles de las políticas europeas contemporáneas.

 

Este pacto no puede considerarse una simple modificación técnica de las leyes ni una actualización de procedimientos administrativos, sino que refleja una transformación más profunda en la visión de la Unión Europea sobre la migración y en su forma de gestionar los flujos de migrantes y refugiados, especialmente procedentes de países del Sur global.

Desde la crisis de los refugiados de 2015, ha ido consolidándose dentro de Europa un nuevo enfoque que se inclina cada vez más hacia la dimensión de seguridad en el tratamiento de las cuestiones migratorias. En lugar de centrarse en la lógica de la protección y del reparto de responsabilidades entre los Estados miembros, la atención se ha desplazado hacia el control de las fronteras, el refuerzo de la vigilancia y la reducción de la migración irregular. Así, la percepción del migrante ha cambiado: de ser una persona en busca de mejores condiciones de vida, ha pasado a ser considerado un elemento sujeto a una lógica de gestión del riesgo y de la seguridad.

El nuevo pacto traduce esta orientación a través de un conjunto de medidas que reconfiguran el sistema de asilo y migración. Entre las más destacadas se encuentran la introducción de un filtrado previo de los solicitantes en las fronteras, la ampliación del uso de datos biométricos, la aceleración del examen de las solicitudes de asilo, el endurecimiento de los mecanismos de retorno, así como el refuerzo de las bases de datos para el seguimiento de los movimientos. De este modo, la gestión de las fronteras se convierte en el eje central de la nueva política europea en este ámbito.

Uno de los aspectos más controvertidos del pacto es el denominado Reglamento de Retorno, cuyo objetivo es aumentar la eficacia en la ejecución de las decisiones de expulsión de aquellas personas cuyas solicitudes hayan sido rechazadas. Aunque el objetivo declarado es mejorar la eficiencia del sistema, este enfoque ha suscitado un amplio debate en los círculos de derechos humanos. Existen temores sobre la expansión del uso de la detención administrativa y sobre su impacto en garantías fundamentales como el derecho a recurrir, el derecho a la libertad y el principio de no devolución ni trato inhumano. Asimismo, la idea de establecer centros de retorno de migrantes fuera de las fronteras de la Unión Europea plantea interrogantes jurídicos sobre la responsabilidad y la protección de los derechos.

Por otro lado, surge otra cuestión relacionada con la integración de las políticas de migración y asilo dentro de un mismo marco. El derecho internacional distingue entre el refugiado, que huye de la persecución y la guerra y requiere protección internacional, y el migrante, que se desplaza por razones económicas o sociales. Sin embargo, el nuevo pacto tiende a tratar ambas categorías bajo una misma lógica basada en el filtrado y el control, lo que podría debilitar la especificidad de la protección otorgada a los refugiados.

Aunque el discurso oficial europeo insiste en que estas políticas no discriminan por nacionalidad, un análisis de su aplicación práctica revela que el impacto se concentra en mayor medida en personas procedentes de África, Oriente Medio y Asia, mientras que la movilidad desde países más desarrollados se mantiene más fluida y flexible. Esta situación alimenta el debate sobre la existencia de una discriminación indirecta en el derecho a la libre circulación, vinculada a factores geográficos y económicos.

En esencia, este pacto coloca a Europa ante una difícil ecuación entre la preservación de su soberanía en el control de fronteras y sus compromisos internacionales en materia de derechos humanos. Mientras los instrumentos internacionales subrayan la universalidad de los derechos y la dignidad humana independientemente de la nacionalidad o el estatus jurídico, las nuevas políticas suscitan dudas sobre su compatibilidad con estos principios, especialmente en lo relativo a la expansión de los mecanismos de expulsión, detención y la externalización del tratamiento de las solicitudes de asilo.

En definitiva, el nuevo Pacto Europeo de Migración y Asilo no parece ser una mera reforma administrativa, sino la expresión de una transformación más profunda en la manera en que Europa aborda la migración en un contexto global marcado por una creciente movilidad humana y por la ampliación de las desigualdades económicas. El principal desafío sigue siendo alcanzar un equilibrio real entre las exigencias de seguridad y control de fronteras, por un lado, y la garantía de los derechos humanos y el derecho de las personas a buscar protección, por otro, en un mundo donde las fronteras se entrelazan cada vez más con cuestiones de justicia y equidad a escala internacional.

Traducido del árabe por: Abdessamad Benyaich

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