El culto a la grosería Por Iliass Ben Abdennour

Una reflexión sobre la normalización de la grosería y la pérdida de los valores de convivencia.

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Iliass Ben Abdennour Escritor/Analista
Highlights
  • El artículo analiza cómo la falta de educación, el culto al ego y la búsqueda de fama inmediata erosionan el respeto, la cortesía y la cultura como pilares fundamentales de la sociedad.
Vivimos en una época atípica donde la buena educación se ha convertido en señal de debilidad y la grosería en una virtud admirada. Es frecuente encontrar a personas que no diferencian entre la libertad, la falta de educación, la vulgaridad y la espontaneidad. Ser una persona honesta, amable y educada se ha convertido en una especie en vías de extinción.
Está de moda ser mala persona, ser un impresentable y maleducado que escupe en la calle delante de la gente, habla en voz alta de manera impúdica e insulta sin importarle las personas que están a su alrededor. Está de moda ser un ególatra que mira al resto de humanos por encima del hombro y que cree ser el centro del universo. Por dinero y fama, uno estaría dispuesto a hacer lo que sea, incluso vender su dignidad.
La falta de educación ya no avergüenza, en algunos círculos asegura el prestigio soñado. La cortesía, que desde siempre ha sido uno de los pilares de la convivencia, hoy es vista por algunos como un acto hipocrita, mientras que los malos modales se ven como un signo de superioridad.
Estamos asistiendo al auge de un individualismo cada vez más agresivo. El ególatra ocupa el centro del escenario. Se presenta como un ser superior al resto, rechaza las opiniones ajenas y vive con la convicción de que el mundo gira con su permiso. El éxito deja de medirse por la calidad humana para reducirse a la cantidad de seguidores en las redes sociales, al dinero acumulado o a la ficticia fama alcanzada. Incluso la dignidad se convierte en algo negociable cuando el éxito es asegurado.
Como resultado, un número importante de personas sin preparación, sin valores y sin el menor sentido de la responsabilidad, son endiosados simplemente porque generan audiencia recorriendo a actitudes torpes y vulgares. El mediocre emerge como el intelectual que reflexiona y aporta ideas y teorias. La superficialidad le ha ganado terreno al pensamiento y la inmediatez ha logrado desplazar los tímidos intentos de un análisis profundo.
Las modas y las corrientes atrevidas también tienen mucho que ver con todo lo mencionado, limitan la creatividad y el crecimiento personal, porque se trata de imitar y no aportar. Se incentiva el escándalo, la polémica y el morbo porque es el camino más rápido para alcanzar la fama y el éxito.
El mayor desafío de nuestra época es intentar no caer en los tentáculos de la normalización de la grosería. Apostar por el saber, el conocimiento y la educación, y creer firmemente que a través de la cultura se puede cambiar el mundo. Las sociedades no se degradan sólo por la violencia y la corrupción, también se deterioran cuando el respeto y la cortesía empiezan a brillar por su ausencia.
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