Maestro es aquel que enseña una ciencia, arte u oficio o tiene título para hacerlo, se dice también del que sabe mucho de una materia.
El término maestro proviene del latín magister que significa el que sabe, el jefe, el que guía.
Significa que está por encima o tiene más autoridad, experiencia y sabiduría que el hombre común.
Con el tiempo la palabra derivó en los educadores y docentes, sirviendo para señalar quienes dedican su vida a la enseñanza, en especial de los niños y de los jóvenes.
Asimismo se formó un conjunto estrecho, un grupo compacto entre maestros, niños y jóvenes, que funciona en un aspecto parcial de la vida humana, que es la educación y el aprendizaje.
Dicha comunión se funda en la empatía que parte del educador y se proyecta en los educandos, en la compañía no sólo física sino también espiritual y existencial y en la guía y el consejo que imparten quienes educan.
El magisterio más allá de todas las condiciones es por sobre todas las cosas una vocación.
Una vocación de servicio, un sacerdocio ejemplar en el cual el ser se despoja de si mismo de todo egoísmo y deseo personal, y se entrega con todas sus fuerzas y sus ansias a la tarea de formar el alma, la mente y el corazón de los niños y de los jóvenes.
No hay un servicio más especial que educar, ni hay otra tarea que tenga la dignidad, la responsabilidad y la proyección que la enseñanza.
El futuro del ser, el futuro de la comunidad, el futuro de las sociedades dependen de una buena educación.
Ello sólo se logra con maestros verdaderos, vocacionales, humildes, sinceros, aferrados al saber, a los valores, a la virtud.
El maestro ejerce su profesión todos los días y todos los momentos de su vida; no hay pausa, no termina su trabajo con la jornada de labor.
En todo momento y en todo lugar el maestro es quien es, y debe demostrar y actuar como tal, sin desmayos, sin intermitencias, permanentemente al servicio de la educación.
El maestro se va haciendo, se va realizando, va mejorando día a día.
Se perfecciona en su labor con el contacto y el apoyo de sus educandos.
Esta acción genera en los seres nobleza, dignidad, bondad, paz y armonía.
La sociedad necesita de la nobleza, de la empatía, de la armonía y la paz de estos seres comprometidos con su labor en beneficio de los demás y en la formación de las futuras generaciones.
El maestro es la figura ejemplar en la sociedad, y su vida se nutre y se explaya en el amor.
En el amor que siente, que surge de su interior y nutre su vida como la vida de los demás.
En el amor que irradia, que contagia, que enseña, que divulga entre sus educandos, entre la gente, como un medio de vida digno, armonioso que lleva a la felicidad.
Su vida es un acto de amor.
Vive del amor y en el amor.
La continuidad de ese amor se imposta en el alma de los niños y de los jóvenes que continúan con su obra, realizando obras de amor, viviendo una vida noble, digna, ejemplar.
Llenando la tierra de buenos deseos y de buenas acciones y haciendo que las comunidades, los grupos, las sociedamdes sean mejores.
Honremos a nuestros maestros.
Démosle el lugar que corresponde en la sociedad y aprendamos siempre de sus lecciones.
Pero por sobre todas las cosas sigamos su ejemplo, que sean nuestros modelos, seamos símiles de su conducta, de sus acciones, de su forma de ser, del trato a los demás.
En especial del amor que debemos pones en nuestras obras y en nuestras vidas para poder alcanzar un destino venturoso

