letrado Saad Sahli del colegio de abogados de Rabat
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Ni en Argelia ni en ninguna otra parte se esperaba. Fue, quizás, el último episodio degradante de un presidente de bajísimo perfil, rechazado por su pueblo y desestimado por los demás.
El hombre reconoce que o se le quiere. ¿Y qué hacen los verdaderos estadistas con dignidad cuando llegan a esta convicción?
Un año, Menos, si quieren, lo que sea… justo el tiempo de “solucionar” algunas “cosillas”.
Las cosillas, como ya explicamos en una crónica anterior, basándonos en el ex ministro argelino de Finanzas afincado en Suiza, son 20 billones de dólares dilapidados en 20 años por el clan Boueflika.
El hombre promete jurando que no se presentará, como si fuera una psicosis, un susto, una pesadilla, sin embargo, mendiga mandato.
¿No es legítimo barajar posibilidades?
No. Más clara, el agua y los hermanos argelinos lo saben. ÉL, presidente saliente y con la “esperanza de ser entrante, ha presentado su patrimonio financiero, no así los miembros de su clan que defiende, a capa y espada.
Allí hay gato encerrado.
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