Said Jedidi es periodista y escritor. Embajador de la Paz (Circulo Universal Embajadores Paz -Suecia-Francia)
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Un día escrutando el sitio web www.covidmaroc.ma del Ministerio de Sanidad.
Setenta y siete (77) casos confirmados de contaminación con el nuevo coronavirus (Covid-19) fueron identificados en Marruecos hasta ayer a las 7:00 pm. 8 hacia mediodía y tres por la noche.
Estamos hasta este instante en que publicamos esta cuarta parte del diario del auto confinado en tres muertes y dos curas, así como un resultado negativo de laboratorio son 374.
Noticia del día (ayer a las 18HOO, GMT+1): Entrada en vigor el estado de emergencia sanitaria en todo el país que, después de constatarlo in situ, porque estaban dando los últimos retoques, las dos autónomas a la ordenación y adaptación a la nueva situación en sus respectivos trabajos (notaria y óptica) y recuperado el documento de desplazamiento excepcional profesional de su oficina la menor.
Antes de las seis de la tarde estuvieron en casa. De hecho, es un agente de autoridad el que nos trae el documento-autorización de desplazamiento (forzoso o forzado).
En cuanto a mi habida cuenta de mi edad y mi poca solida salud no salgo de casa, salvo para hace ejercicios deportivos en el jardín. Llevo ya cuatro días (del diario) y otros cuatro antes de pensarlo.
En lo que llevamos de “emergencia sanitaria” debemos admitir que los poderes públicos han pensado en todo… o casi godo. Con un mínimo esfuerzo podemos decir que no nos falta nada, salvo la sensación de normalidad, usurpada por el cruel coronavirus.
El día (mi día) trascurre entre el trabajo (a domicilio), las labores cotidianas, los contactos por teléfono o mensajes en redes sociales y, de vez en cuando y de cuando en vez, un vistazo a la tele para “estar al día o al momento” …
La verdad es que no me quejo, lejos de ello, estreno estilo y modelo de vida e inauguro una nueva etapa en que descubro que, si se puede sobrevivir lejos de los hábitos, usos y costumbres, e incluso de los amigos y conocidos.
No. No estoy solo. Tengo mi teléfono, mi ordenador y mi teléfono móvil, pero echo de menos a mis amigos de la mezquita del Mausoleo, a mi peluquero y a mi conserje (no consejero).
(continuará mañana)
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