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“ABRIL” – Muere el Amor, Nace la Vida – Dr. Jorge Bernabé Lobo Aragón

Tribuna infomaruecos

En  el cálido  otoño siempre es bienvenida la lluvia que venga a restituir la humedad que se robaron los secos vientos del norte. Es  Semana Santa, 11 de Abril, llamado lunes de Autoridad, inicio de las celebraciones eucarísticas. En mis pagos tucumanos al mediodía llovizno. Un chaparrón modesto que alcanzaba para que las plantas gozaran de un alivio y se asentara la tierra. Después el tiempo quedó cargado, amenazante, con nubes ennegrecidas que predecían algún suceso. La gente baquiana se da cuenta de que está por caer piedra por el ruido que suele preceder a la granizada. Un eco singular estalló en el poniente. Desde mi lugar de trabajo observo embelesado las miríadas de piedritas que chocan contra el suelo. El  caer  de cristales de hielo desde un alto cirrus que atraviesan la humedad de un cúmulo suena como una melodía. Las piedritas humedecidas entrechocan entre si formando una cortina de cristal. Son las tres de la tarde. Mi cuerpo se trasforma nuevamente en un pájaro errante para abrazar y descubrir el universo. La luz se apartó del sol  y la tierra se oscureció al mediodía, se largó la granizada en seco como si de repente  se abrieran la puerta del cielo.  Feroz. Fulminante. Al sonido de la pedrea se le sumó una tormenta que desgajaba las plantas y los árboles se venían abajo. Qué habrá durado, no más de quince minutos, un cuarto de hora.  El vendaval a pesar de mi estado de metamorfosis cósmica me dejo impresionado. Una tormenta mayor de viento y piedra. Una lluvia de  transición que  al fin ceso. Con mi cuerpo sin mojarse pero en estado de meditación incorpórea percibo con absoluta claridad que el firme aguacero fue un movimiento de la naturalezaUna alteración. Una señal como una suspensión visible del orden en el ecosistema. El Supremo entró en su creaciónUn día y hora elegido que nos adelanta un año santo de esperanza y prosperidad insospechada. Es que el cielo en Semana Santa necesitaba llorar de nuevo. Después de la tormenta siempre llega la calma. El sol del eterno salió para siempre. En mi  bilocación etérea se desprende como un rayo un grito  de optimismo. Un  nuevo Abril que se abre, para que nazca una vida nueva. Un calendario abierto nos espera aguardando el color de  una nueva ilusión. De inmediato mi cuerpo astral toma la posición de súplica. Mi mente en un ruego vivo y penetrante implora por la  Paz del Mundo. Que en Ucrania se apague el cañón de la violencia. Que los meses que se avecinan después de Pascuas de resurrección sean gotas  de amor para construir un nuevo mundo. Dejar atrás el no puedo más y él no te metas. Detrás quedó lo viejo, nos espera lo  nacienteEl Señor, con su muerte y resurrección  alumbrara cada mes de este año. El Espíritu, con su brisa suave nos infundirá soplos de aliento divino. La Virgen María, Madre de Dios, marchará delante de nosotros ayudándonos a vivir dignamente cada hora, cada segundo, cada día y cada instante de este año nuevo que se inicia. Desde la altura mirando la tormenta que se apacigua lentamente y los cristales de hielo  hundirse en el suelo ávido, una enorme placidez me cubre. Desde esa  serenidad y silencio  brindo y saludo a  mis lectores añorando que la bienaventuranza se  anide en el corazón de cada uno y no se marchite el anhelo que el hombre abriga.  Ruego me acompañen en  mi vuelo de pájaro y sueño. FELIZ SEMANA SANTA.   

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