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¿ACCEDEN LOS POBRES REALMENTE A LA DEMOCRACIA? Dr. Mario H. Concha Vergara, PhD. – Docente – Chile

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Dr. Mario H. Concha Vergara, Ph.D. – Docente, Chile

Muchos, demasiados, gobiernos considerados democráticos, teóricamente podrán satisfacer las demandas de sus ciudadanos usando sus recursos para acabar con la pobreza. Lamentablemente millones de  ciudadanos no han logrado utilizar el voto para que sus gobiernos les garanticen  la redistribución de los ingresos en forma progresiva. La pregunta que nos hacemos es ¿cómo se logra eso?

Obviamente, para logra la igualdad y eliminar las inequidades se requiere a) mejorar las instituciones; b) crear instituciones ad-hoc; c) participación amplia y universal en cada comuna, en cada grupo poblacional, en cada sindicato, en cada organización civil, etcétera; d) hay que terminar con la trampa de “la democracia” ¿Cómo pueden asegurar los pobres una mayor influencia democrática cuando el campo de juego democrático se inclina en su contra?

Los políticos y la política para acabar con la pobreza extrema en el ámbito mundial deben garantizar que el desarrollo permita que todas las personas cuenten con lo básico para vivir. En los últimos años, antes de la pandemia del coronavirus, hubo un crecimiento económico sostenido en muchos países pero, que ha dejado también a cientos de millones de personas en un  verdadero limbo; cientos de millones apenas estaban escapando de la indigencia cuando justo llega la pandemia del Covid-19

Hace 5 años la mayoría de los pobres extremos habitaban en países  que se convirtieron en países de ingresos medios en términos de ingreso nacional bruto (PIB) per cápita y aunque la mayoría de estos pobres viven en países democráticos, muchos carecen  del poder político real que les permitiría reclamar una participación justa, o incluso adecuada, del crecimiento de sus países, muchos por ignorancia, otros por omisión y la mayoría por falta de información sobre sus verdaderos derechos.

El problema de los habitantes más pobres de las naciones de ingresos medios es que no han recibido proporcionalmente el aumento de la riqueza de sus países. En otras palabras queremos decir que los pobres siguen siendo pobres pero, que los ricos son cada día más ricos. En comparación con los países ricos, es decir de altos ingresos nacionales y por habitante, los de pocos ingresos consumen mucho menos como porcentaje en el PIB; lo mismo sucede con los gravámenes pues en la mayoría de los casos los únicos gravámenes de los cuales no están exentos es de IVA (Impuesto al Valor Añadido) el cual es un impuesto retrógrado pues grava a quienes menos unidades de trabajo perciben.

Se cree que los países de ingresos altos gastan relativamente más en protección social y menos en políticas clientelistas, que intercambian recursos por apoyo político y, en general, una parte de su gasto se pierde como resultado de la corrupción. En  India, la democracia más grande del mundo y un país que pasó del estatus de ingresos bajos a medianos en 2009, ejemplifica este contraste: “es el hogar del mayor número de personas en extrema pobreza del mundo y el tercer mayor número de multimillonarios”.

En un informe especial de Sciencie nos encontramos con que los ciudadanos vulnerables, en particular, “perciben la redistribución progresiva como una característica esencial de la democracia  y dado que los países pobres tienen poblaciones vulnerables más grandes que los ricos, la razón llevaría a uno a esperar funcionarios electos en países pobres para promulgar políticas más redistributivas que los funcionarios de los países ricos. Y, sin embargo, ocurre lo contrario”. 

Las preguntas que nos hacemos los científicos sociales es: entonces, ¿por qué los Estados democráticos de ingresos bajos y medios responden menos a las preferencias de sus ciudadanos más pobres?  Una de las principales razones podría ser la poca o limitada capacidad e ejecutar programas de lucha contra la pobreza, tales como faltas de iniciativas para la creación de trabajos dignos, falta de recursos de salud pública, falta de educación, etcétera. Otra de las razones son los bajos ingresos pues existe la muy mala costumbre, que se ha hecho cultura, de pagar muy bajos salarios además de una mano de obra limitada y, la falta de conocimientos técnicos, y profesionales.

Esto nos lleva a la idea que nos  sugiere que lo fundamental de la política de desarrollo es fortalecer la capacidad estatal para la ejecución de programas. ¿Qué pasa con los economistas? ¿Lo son o son solamente econometristas? Es decir no tienen sentido común, no piensan en la gente y para ellos solo existen modelos matemáticos.

Muchos piensan que el problema de las economías es solo un asunto de fontanería; pero, arreglar las tuberías del Estado no significa lograr una redistribución progresiva. Los fontaneros (Econometristas) se olvidan de que  un Estado está formado por intereses distintos que a menudo están desalineados, y lo que el Estado desarrollado ha construido para nuevos servicios prácticamente puede ser no beneficioso para los pobres. Debemos recordar que en un Estado democrático, el poder se negocia por medio de instituciones democráticas. Si los pobres carecen de las organizaciones y los medios o la información necesarios para utilizar su poder de manera eficaz, no podrán negociar una parte justa de los beneficios del crecimiento como ocurre hasta ahora y con peor razón bajo la existencia de una pandemia que ha permitido a muchos políticos olvidarse de la democracia.

¿La élite económica siempre usará, con muy pocas excepciones, los recursos financieros para presionar a los políticos para que estos pongan las reglas a su favor legislando de acuerdo a ambos intereses, por eso llamamos a esto la corrupción de ida y vuelta; los políticos porque quieren más dinero y los dueños del aparato económico porque quieren más lucro?

 Es más, si así no fuera el caso, los intermediarios pueden desviar recursos. Los políticos confían en los planificadores para instalar y hacer autopistas y, en los funcionarios para regular su kilometraje. Pero, por estar más cerca de las actividades en donde se construye, los funcionarios de la planificación aceptarán con sobornos para cuando las constructoras decidan hacer desvíos y alargar el kilometraje de las vías. Cuando la información es débil debido a una mala comunicación los políticos ceden ante las élites poderosas y los burócratas pueden llenarse los bolsillos.

La participación política de los extremadamente pobres en las democracias modernas está, casi siempre limitada por las desventajas económicas y sociales. En muchos lugares, en realidad en demasiados, los dueños del capital explotan  sus conexiones sociales y su poder económico dando a los votantes pobres incentivos individuales y promesas (que jamás cumplirán) para votar de una manera particular, es decir,  favorablemente a sus posiciones. Esto no es otra cosa que la  compra de votos y el uso de políticas clientelistas. Recientes investigaciones realizadas en Filipinas y La India, entre otros, documentan cómo estas prácticas son usadas por los que gobiernan o empresas muy poderosas.

De acuerdo a lo anterior podemos concluir en que los pobres de pobreza extrema, quienes no manejan la información como corresponde,  eligen políticos y administradores que no comparten ni entienden sus intereses. Los políticos señalados generalmente delegan sus responsabilidades en agentes políticos que los representan ante las masas, de esta manera ellos, los políticos, resultan incólumes ante las denuncias de los pobres.

Los modelos de agencia política reconocen esto y adaptan el marco político-agente para entornos democráticos. Aquí, los ciudadanos son los principales directores y los funcionarios estatales electos y designados son agentes con información e incentivos que compiten entre sí. Las mejoras en la capacidad estatal no requieren alinear los incentivos entre ciudadanos y funcionarios estatales.

Todo lo anterior nos conduce a pensar claramente que para que los más pobres tengan una democracia efectiva requieren  algo más que elecciones regulares. También se requieren instituciones democráticas capaces de garantizar

También se requiere de instituciones democráticas que no eliminen la capacidad de una persona para ejercer libremente sus derechos electorales. Se requiere que los más pobres puedan ingresar al pacto social. Y se “requiere inversiones complementarias que permitan e incentiven directamente la participación ciudadana en el negocio diario de la gobernabilidad democrática”.

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