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Delirio de un cincuentón Por: Ahmed el amraoui

Autobiográfico

En el medio ciclo, estamos en la cima de una colina de vehemencia y acción, después vienen las preocupaciones con y del tiempo: ajustar la cuenta con la vida y el tiempo en sus infinitos fracciones: un año, un mes, un día, una hora, un minuto, un segundo por favor Doña vida, que quiero susurrarte algo en los oídos: déjeme en paz, dice algún mortal. Desde la cima se empieza a descender como el rolling Stone, arrastrar todo lo que se cruza en el camino hasta borrarlo todo, “para que nadie sepa nada después de saberlo todo” dice el sagrado Corán.

Queremos recordarte que no nos has concedido mucho placer-los cincuentones-, y eso está bien, pero tampoco has permitido el lujo de disfrutar. Que detrás de cada alegría venia mucho sufrimiento, por ejemplo: yo, a mi me  pedias ser sabio antes de que me saliera la muela del juicio. Primero, me decían tus páginas lisas y blandas con los dibujos en blanco y negro que el que ganara al final sería la hormiga y no la cucaracha. Pero luego iba descubrir yo que al revés me enseñaste: los que van honrados adelante son las cucarachas. Segundo, me reiterabas la sabia frase: correr es alcanzar, no siempre es verdad. Bueno da igual, dejemos la política al lado, y hablemos de lo que ahora acontece, porque a veces tus vicisitudes me dejan pensar mal y luego arrepentir cuando es inútil hacerlo. Recuerdo ahora una situación semejante -palabras que había leído- del cineasta Luis Buñuel quien dijo mas o menos- traduzco del árabe un párrafo de la revista cultural al Karmal nº 11-: “navego en mis imaginaciones y me imagino haciendo un golpe de estado, y me convierto en un dictador que pone todo el mundo en su puño, tengo poder mas allá de cualquier autoridad. Nadie me desobedecía. La primera cosa que voy a hacer en mi ensueño estará contra el poder del público, que es la fuente de todas las contiendas, y  si me enfrento con una explosión social igual al que veo cada día en Méjico, traeré -como imagino- a un grupo de biólogos y les mandaré a sembrar un virus en el planeta para que acabe con dos millares de personas, y luego diré: vamos… ¡que me toque a mi también!, pero luego intentaré retirarme de esta conspiración para escribir una lista de salvación, exceptuando algunas personas: miembros de mi familia, mis mejores amigos, las familias de mis amigos, los amigos de mis amigos, y cuando me canso de la larga lista, me renuncio”. Algunas chispas de locura y delirio pueden ser señas de sabiduría, porque este señor, muerto en 1983, ha acertado y ha tocado el corazón de la verdad.

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