Cronica desde TindufCrónicasFeatured

Al Aid (Fiesta) entre el Sahara marroquí y el gulag argelino de Tinduf: Realidad y ficción

Fiesta y tristeza

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf, pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a llegar.

 

En las ciudades y localidades del Sahara marroquí, el Aid Al Fitr (Fiesta de ruptura del ayuno) transcurre en medio de una sincera tristeza por el destino de sus hermanos en los campamentos de concentración argelinos en Tinduf.

Los verdaderos saharauis ven como la verdad acaba siempre por prevalecer y como el prófugo Brahim Ghali y sus 40 malversores de la ayuda humanitaria y cómplices en sus genocidios y violaciones.

En el Sahara marroquí la Fiesta tiene, no obstante, un sabor de esperanza de que, en un día no lejano, a la luz de las fehacientes revelaciones de los crímenes de lesa humanidad del genocida Ghali y su banda, la población del gulag argelino de Tinduf decidan su destino y su futuro con sus hermanos en el Sahara marroquí en la sombra fresca de la libertad y la democracia.

45 años de “fiestas” descafeinadas y camufladas, cuando cerca, uy cerca, a dos pasos del muro de acero y de la vergüenza de Tinduf está su país: Marruecos, acogedor y reconciliador.

 

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