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Alhucemas: Ni el Instituto Español escapa a la dura realidad de la ciudad Por Ghizlane El Omari- Alhucemas

 La situación de abandono que se viene padeciendo en Alhucemas se percibe en todos los sectores y afecta por igual a todas las clases sociales. Hasta una institución como el “Colegio”, financiado por España, no escapa a la cruda y dura realidad que se vive en una ciudad otrora considerada joya del Mediterráneo marroquí.

Ghizlane El Omari
   El predio que desde 1958 alberga el Instituto Español Melchor de Jovellanos, más conocido popularmente como “Colegio”, fue construido entre 1928 y 1948 para ser Residencia del General de la Circunscripción. Después de la retirada de las últimas tropas españolas, el edificio pasó a ser propiedad del Estado marroquí, lo mismo que el resto de las instalaciones del ejército español.
   El edificio se considera un monumento histórico, bello tanto por fuera como por dentro. Dispone de mucho espacio, numerosas aulas, una amplia biblioteca, dos campos para educación física, salón de actos, un área para juegos infantiles, un vistoso jardín… Son ventajas de las que carecen los demás centros españoles que hay en Marruecos. A pesar de ello, es el que menos alumnos atrae llegando a tener en los últimos años un número muy bajo de entre 10 y 12 escolares por nivel.
   En un principio, el inmueble fue habilitado como Centro de enseñanza para los hijos de los pocos españoles que quedaron en la ciudad. Se le bautizó con el nombre de Instituto Español Melchor de Jovellanos en recuerdo del célebre poeta, ensayista y político asturiano (1744-1811).
   A partir de 1960 el Instituto Español abrió sus puertas ante los alumnos marroquíes que se habían apuntado para cursar estudios en la misión española. La matrícula estaba restringida a los hijos de las élites locales, aquellas familias cuyos medios económicos les permitían pagar las altas cuotas.
   Por entonces y durante muchos años, el Instituto Español Melchor de Jovellanos ofrecía ciertas ventajas como las actividades recreativas extraescolares entre las que se destacaba la rondalla (conjunto de varios instrumentos de cuerda), el coro, además de las deportivas.
   Las generaciones de alumnos en los años 90, como la mía, gozábamos del privilegio de realizar intercambios con otros institutos en España, que consistían en pasar una semana en una ciudad de la Península y alumnos españoles pasaban otra semana en Alhucemas. Asimismo, en el último curso de secundaria se organizaba un viaje de fin de estudios a España. Todo esto se fue diluyendo con el paso de los años.
Foto Colegio de H. Achahbar 
 
 
 
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