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Amnistía Internacional: una animosidad de larga data (Mohamed Salah Tamek)

Rabat – Map

Bajo el pretexto de la defensa de los derechos humanos, Amnistía Internacional (AI) siempre ha observado una actitud hostil hacia el Reino de Marruecos, declaró, el martes, el delegado general para la Administración Penitenciaria y la Reinserción (DGAPR), Mohamed Salah Tamek.

“Para darse cuenta de ello, basta con comparar sus informes de los años setenta y ochenta del siglo pasado sobre Marruecos, por una parte, y sobre Argelia y muchos otros países del mundo, por otra”, sostuvo Tamek, en reacción a las alegaciones contenidas en los informes publicados por AI, señalando que dicha comparación pone de relieve “un ensañamiento escasamente disimulado contra Marruecos”.

“Para ilustrar este ensañamiento paradójico, presento un testimonio sobre mi propio caso”, continuó. “Tras mi arresto en mayo de 1977 y mi encarcelamiento en la prisión local de Mequínez, empecé a recibir cartas de una corresponsal belga”, recuerda Tamek.

Tras cumplir mi condena, reanudar mis estudios y ser nombrado profesor en la Facultad de Letras de la Universidad Mohammed VI de Rabat, “me di cuenta de que mi nombre y el de otros amigos seguían apareciendo de forma incomprensible e injustificable en los informes de Amnistía Internacional”, destaca Tamek, prosiguiendo que llamó la atención de los responsables sobre este hecho incongruente por escrito y a través de la corresponsal precitada, pero en vano.

“De hecho, en 1990, Amnistía Internacional incluyó en su informe mi nombre junto al del difunto Abdelkader Fadel y de otra persona como si todavía estuviera detenido”, narra el delegado general, que recuerda haber “escrito entonces otra carta en la que informó a Amnistía Internacional que era profesor universitario desde septiembre de 1986 y que el difunto Abdelkader Fadel nunca había sido detenido y que entonces era profesor en El Jadida”.

“Esta vez, publiqué mi reacción en las columnas del diario +Le Matin du Sahara+ en diciembre de 1990”, continuó Tamek, añadiendo que “sólo después de este incidente y de mi viaje a Londres, Amnistía Internacional dejó de mencionar mi nombre en sus informes”.

“Cuento a mis amigos de Amnistía Internacional este incidente anecdótico para decirles que defender y promover los derechos humanos es una noble misión, pero que debe tener un alcance universal y, por lo tanto, debería abstenerse de toda distinción entre los seres humanos, los Estados o los gobiernos”, recalcó Tamek en su reacción.

Por otra parte, Tamek dice que cree que “todos los adherentes de Amnistía Internacional tienen motivos para preguntarse sobre la forma en que esta organización adquirió las técnicas y los laboratorios necesarios para decir que un teléfono fue manipulado”.

El DGAPR afirmó que no “cuestiona la contribución de Amnistía Internacional a los logros alcanzados en la defensa y la promoción de los derechos humanos”, subrayando que la ONG internacional “desempeñó efectivamente un papel innegable en este campo en todo el mundo”.

“Esto debe ser reconocido a pesar de que, paradójicamente, los Estados que son más sensibles y más positivamente interactivos con sus llamamientos no se encuentran necesariamente entre los que son inmunes a sus acusaciones sesgadas y objetivamente infundadas”, concluyó.

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