Considerado durante mucho tiempo como tierra de emigración o de mero tránsito, Marruecos se consolida ahora como destino de residencia permanente. El Censo General de Población y Vivienda (RGPH) de 2024 revela una mutación demográfica sin precedentes: la población extranjera es hoy más numerosa, más joven, altamente cualificada y mayoritariamente africana.
Las cifras del Alto Comisionado para el Plan (HCP) destapan una transformación silenciosa pero profunda. En el lapso de una década, la población extranjera residente en Marruecos se ha disparado un 76,4%, pasando de 84.000 individuos en 2014 a 148.152 personas en 2024. Aunque esta comunidad apenas representa todavía el 0,4% de la población total del Reino, su perfil sociológico ha cambiado radicalmente, dibujando los contornos de un Marruecos convertido en encrucijada migratoria Sur-Sur.
El gran vuelco hacia el África subsahariana
La fisonomía del extranjero en Marruecos ya no es la de hace diez años. El predominio histórico de los ciudadanos europeos se ha diluido en favor de una dinámica continental. Si en 2014 los europeos representaban el 40% de los extranjeros, su cuota ha caído al 20,3% en 2024.
Por el contrario, los nacionales de países del África subsahariana constituyen ahora la mayoría absoluta del contingente foráneo, alcanzando el 59,9%. La cabeza de la lista confirma este arraigo de África Occidental: Senegal (18,4%) y Costa de Marfil (17,3%) son las dos primeras nacionalidades presentes en el país , superando a Francia (13,8%), que se mantiene, no obstante, como la primera comunidad europea. España, socio económico clave, conserva su posición como segunda nacionalidad europea, aunque su peso demográfico global se sitúa ahora en un modesto 1,4%.
Una inmigración laboral y del conocimiento
Lejos de los clichés sobre la precariedad o el nomadismo, el censo esboza el retrato de una población activa y educada. El 80,1% de los extranjeros tiene entre 15 y 64 años. Más llamativo aún es el nivel de instrucción: cerca del 38,9% de los residentes extranjeros posee un título de enseñanza superior.
Los motivos de su llegada corroboran este perfil cualificado. Para más de la mitad (53,3%), la inmigración responde a razones laborales. Los estudios constituyen también un potente motor de atracción, concerniendo al 14% de los migrantes, lo que ratifica el estatus creciente de Marruecos como polo universitario regional. En el otro extremo, los motivos vinculados a la inseguridad o los conflictos siguen siendo marginales (2,5%), aunque la presencia siria (3% de la población extranjera) recuerda la realidad de los desplazamientos forzosos.
Casablanca, el imán ineludible
Sin sorpresas, la inmigración extranjera se manifiesta como un fenómeno eminentemente urbano (95%). La región de Casablanca-Settat ha reforzado su atractivo, acogiendo en la actualidad al 43,3% de los extranjeros del país, frente al 35,1% de 2014, superando holgadamente a Rabat-Salé-Kenitra (19,2%).
Sin embargo, emergen nuevos polos. La región de Souss-Massa ha visto triplicarse su cuota en diez años, pasando del 3% al 9,4%, señal del dinamismo de la agricultura intensiva y el turismo. En el norte, Tánger-Tetuán-Alhucemas conserva su papel estratégico con el 6,5% de los residentes, atraídos por el auge industrial y logístico de la zona.
Integración a través de la vivienda
Una de las lecciones más notables del censo atañe al modo de vida. Lejos de vivir en guetos, la mayoría de los hogares que cuentan con al menos un extranjero son hogares mixtos (69,3%), es decir, en cohabitación con marroquíes. Este dato sugiere una integración social avanzada, favorecida por los matrimonios mixtos o la convivencia compartida.
En materia de vivienda, el alquiler domina ampliamente (62,3%), especialmente en los hogares exclusivamente extranjeros (75,9%). No obstante, persiste una disparidad: los residentes europeos, a menudo de mayor edad o jubilados, acceden en mayor medida a la propiedad y a viviendas de alto standing tipo villa, mientras que la mayoría de la población activa opta por el alquiler de apartamentos en zonas urbanas.
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Las cifras clave:
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