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« Antes de olvidar » A quien corresponda. ¿Se justifica el gasto por mantener una embajada de Marruecos en La Habana?    Por Hassan Achahbar

 

     Cuba no está preparada para tener relaciones responsables con Marruecos. No puede librarse fácilmente de un pasado reciente. Sus inconfesables compromisos financieros y militares con Argelia se lo impiden.

 Se necesita ser ciego para notarlo. Han transcurrido más de cinco meses desde el anuncio de la reanudación formal de las relaciones entre los dos países suspendidas en la práctica durante 37 años, a partir del 22 de abril de 1980. Cuba no habla más del tema a pesar de que, antes y después de la firma del acuerdo de Nueva York el pasado 21 de abril, Marruecos tuvo una serie de gestos entre otros la designación, a finales de junio, de su embajador en la Isla caribeña.
     No solamente estos gestos no fueron correspondidos, sino que La Habana inició en la primera semana de mayo una rabiosa e inexplicable ofensiva en contra, con un renovado apoyo al separatismo saharaui, marcado por un intenso intercambio de visitas y una campaña mediática a cargo de la agencia oficial Prensa Latina.
    No será la primera vez. Desde 1991, los dos países fracasaron en otros intentos aparentemente por razones ajenas a su voluntad. Pero sí, es la primera vez que Cuba, reniega de una decisión, después de dar un paso positivo en este sentido, demostrando que no es tan independiente como dice y que existen poderosos motivos para no acatar los dictados del socio argelino.
    Precisamente, el repentino arrepentimiento cubano llegó justo al percatarse de la reacción hostil de Argelia y de sus acólitos del Polisario. El título del diario comunista Granma dedicado al tema el 25 de abril lo dice todo: “Cuba-Marruecos: voluntad política de tender puentes, sin olvidar la historia y los principios”.
     Aclara el órgano del Partido Comunista de Cuba (PCC) que el 21 de abril, los gobiernos de Cuba y de Marruecos “anunciaron y procedieron” en la sede de la ONU en Nueva York, “a la firma del restablecimiento de las relaciones diplomáticas a nivel de Embajadores, guiados por la voluntad mutua de desarrollar relaciones amistosas y de cooperación entre los dos países en los ámbitos político, económico, cultural y otros”.
     En la nota de “opinión”, Granma salió a fijar la posición de La Habana: “Más allá de erráticas interpretaciones de algunos sobre esta noticia, la firma del Acuerdo constituye una muestra de la voluntad cubana de, sin olvidar la historia, desarrollar vínculos sobre la base de principios inamovibles de su política exterior y con la firme vocación de tender puentes entre pueblos y naciones”.
     Puso mucho más énfasis en el esfuerzo por tranquilizar a los argelinos y aplacar sus críticas al acuerdo: “Las autoridades cubanas mantienen su posición solidaria e invariable hacia la autodeterminación del Sahara Occidental y continuarán brindando su apoyo en la formación de cientos de jóvenes saharauis en sus centros educacionales y en la ayuda de los cooperantes cubanos en los ámbitos de la salud y la educación”.
     Es así como los cubanos volvieron, el 25 de abril, a rezar al santo patrón de Argel y nunca más mencionó el acuerdo con Marruecos ni la expresada “voluntad mutua de desarrollar relaciones amistosas y de cooperación entre los dos países en los ámbitos político, económico, cultural y otros”.
    El proxenetismo argelino sigue dando de qué hablar en La Habana. Exigió exclusividad en el trato y Cuba simplemente respondió. Lo dice el refrán: “quien paga manda” y Argelia sigue pagando por su “república saharaui”.
 
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