CrónicasFeaturedLas Cosas lo que son

Argel: de los corsarios mediterráneos a los piratas del asfalto Por Hassan Achahbar

En otros medios

Hassan Achahbar experto marroqui en cuestiones latinoamericanas

Argel alcanzó la plenitud de su poder terrorífico de la mano de su Pacha, el corsario Jeyredín Barbarroja. Sucedió a principios del siglo XVI, único momento en que la historia le reconoce a Argel, no a Argelia que es una invención francesa tardía, un papel protagónico en el Mediterráneo occidental.

El corsario, de origen albanés, saqueó puertos, apresó naves mercantes en el Mare Nostrum y raptó doncellas en las ciudades europeas, todo para su codicia, aunque en nombre del sultán de Estambul, Solimán el Magnífico. Barbarroja convirtió Argel en regencia otomana.

Hoy, cinco siglos después, un gordinflón Chengriha, jifero jefe de los ejércitos y pirata del asfalto, autoproclamado zar de Argel, igual de cruel, despiadado, soberbio y carnal, anda sembrando terror en el Magreb, amenazando con abrasar a todo cuanto está a su alrededor.

Barbarroja enfrentó a los españoles en Europa y los derrotó en Túnez y Argel. A cambio de sus servicios, terminó promovido a gran almirante de la flota del Imperio otomano y, al fallecer en 1546, recibió, en Estambul, sepultura digna de un héroe, con el epitafio de “Almirante conquistador de Túnez y Argel”.

El gordinflón Chengriha, protagoniza el capítulo más ridículo en términos militares. Llegado su tiempo, desaparecerá como rabioso, sin honras ni honores. No tendrá sepultura de los héroes. Siquiera tendrá donde caer muerto y será recordado como siempre ha vivido: sínico, cobarde, canalla, vulgar, vil y violento.  

Solo una pequeña advertencia para él, y para quien le seguirá. Jamás se les ocurra pensar en revivir la regencia otomana. Hasan Pachá, hijo heredero de Barbarroja y también corsario, fue escogido en 1557, con el mandato de invadir a Marruecos. Fue derrotado y deshonrado en la batalla de Oued el Leben (Fes, 1558). Peores derrotas sufrieron los portugueses, veinte años después, en la batalla de Batalla de Oued alMajazen (Alcazarquivir, 1578) y los españoles en el desastre de Annual (Rif, 1921).

Queda claro pues, que nadie amenaza a la soberanía del indomable Marruecos, página negra de los turco-otomanos, portugueses y españoles. Tome nota el jifero Chengriha y tomen nota sus secuaces del Hezbollah y sus amos iraníes.

Desde el Mediterráneo o desde la frontera oriental, nadie se mete con Marruecos sin recibir su merecido. Hasan Pacha salvó el pellejo en abril de 1558. Tuvo suerte. No así, los temerarios ibéricos. El rey Sebastian de Portugal (agosto de 1578) y el general Silvestre de los ejércitos españoles (julio de 1921) murieron en trágicas circunstancias.

De: Notilamar

Afficher plus

Articles similaires

Bouton retour en haut de la page