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¿ARGELIA, ADÓNDE VAS?   Dr. Mario H. Concha Vergara, Ph.D. – Director de la Corporación Olof Palme-Chile

Opinión

El octogeriano Abdelaziz Buteflika decidió renunciar a su auto presidencia de Argelia a sus 82 años. Gobernó desde 1999 hasta 2019. Argelia fue el país que llevó al Magreb a tener la primera independencia real en contra del colonialismo francés el 5 de julio de 1962 expulsando a cerca de un millón de europeos de su territorio

Para Iván Martin, Profesor de Economía Política de la UE y el Mediterráneo, Middlebury College in Spain, Argelia fue de trampa en trampa, engañando a sus vecinos y a su pueblo; durante su primera década de independencia, la República Argelina Democrática y Popular fue un paradigma de convivencia entre una sociedad moderna y plural y una tradición islámica a la que no se renunciaba, todo ello reforzado por los indudables avances sociales: emancipación de la mujer, derechos de los trabajadores, escolarización universal (1973) y asistencia sanitaria y medicamentos gratuitos, precios populares para los productos básicos de consumo y construcción de infraestructuras urbanas. El Estado de bienestar embrionario se sustentó en la explotación de los recursos del petróleo, que daba a Argelia los medios para garantizar la autonomía a la que aspiraba.

En 1973 Argelia se involucró con los movimientos emergentes en el Sahara Marroquí ayudando a grupos pro independencia que no eran otra cosa que seguidores de las ideologías marxistas-leninistas que abrazaba la revolución argelina. En 1976 Marruecos es obligado a luchar contra su país hermano Argelia y las fuerza reales marroquíes tuvieron que combatir no en contra del ya formado Polisario sino que en contra del ejército argelino al cual venció en Amgala 1 y Amgala 2. Argelia al parecer no entendió que ellos y el creado Frente Polisario no eran otra cosa que un instrumento de la Guerra Fría entre la URSS y EE.UU. La situación, lamentablemente siguió así hasta ahora pues con Buteflika no hubo avances políticos.

Es así como la decisión del presidente argelino, de 82 años, de renunciar a presentarse a un quinto mandato no logró frenar las protestas callejeras del país del Magreb. Los argelinos lo han considerado claramente insuficiente. Las protestas se han intensificado. Muchos sospechan que se trata de una estratagema para mantenerse en el poder; la anulación de la candidatura ha significado el retraso de las presidenciales. Es más, el pueblo argelino está en contra de que se pierdan recursos en el mantenimiento de una nación virtual como lo es el Polisario a quienes les pagan representaciones en varios países del mundo. A estas alturas, después de semanas de protestas generalizadas, lo único que podría desarticular el activismo en las calles es un mensaje claro de que el poder argelino está dispuesto a convocar unas elecciones creíbles, que rompan las dinámicas endogámicas que rigen el país desde hace décadas. Es decir, no ha habido ni siquiera cambio generacional entre la dirigencia. Y, por ahora, no hay nada de eso en el horizonte. Se ha prometido democracia para principios del 2020 cuestión que nadie cree.

“Los clanes que controlan el país desde la independencia en 1962 se han especializado en ocupar todos los espacios del Estado” y en manejar a su favor los resortes institucionales. Son maestros en perpetuarse en el poder y transformaron a Argelia en una potencia colonialista al aceptar la creación en su territorio de una armada semi-terrorista llamada Frente Polisario, organismo al cual proveyeron de artillería pesada, de una magra aviación y de fondos para tener representaciones en varios países del mundo.

Al principio, Argelia luchó en contra de dictaduras en los foros políticos internacionales y ayudó a muchos exiliados políticos chilenos en su lucha contra la dictadura de Pinochet. Lamentablemente, y tratando de proteger al Polisario el país se fue involucrando en el apoyo a dictaduras como la de Cuba, más tarde Venezuela, Nicaragua y algunas naciones africanas.

La amenaza que pesa sobre Argelia es el modelo de salida militar que ya impera en Egipto desde el golpe de Estado del general Abdelfatá al Sisi en 2013. Si bien algunas informaciones dicen que los militares argelinos se han negado a reprimir a su pueblo y en algunos lugares se han sumado a las protestas no pasa lo mismo con la policía pretoriana que no entiende que los tiempos cambian.

El ex dictador  Buteflika dimitió o lo hicieron dimitir, cuestión que no está clara, y se dice que parte de su clan político y empresarial se halla detenido y deberá responder ante la justicia. La ciudadanía movilizada desde hace 15 semanas, indignada primero ante la quinta ocasión en que el enfermo dictador pretendía presentarse a la elección presidencial, luego por los propósitos de reforma constitucional tutelada y de “convocatoria de nuevas elecciones bajo estricto control del clan presidencial y finalmente por el papel adoptado por el general y jefe del Estado Mayor, Ahmed Gaid Salah, el auténtico hombre fuerte del régimen, que pretende controlar la transición a pesar de su avanzada edad, 79 años, y de las sospechas de corrupción que pesan sobre él y su familia”. El pueblo argelino, que no se entiende por qué razón o razones no se levantó antes no acepta más ser gobernado por una gerontocracia populista.

Argelia está en las manos de los mandatarios que todavía permanecen al frente de las viejas instituciones, como el general Salah o el jefe del Estado interino, Abdelkader Bensalá, presidente del Consejo de la Nación, que el actual vacío político se convierta en una transición, mediante la convocatoria de elecciones libres y la apertura de un proceso constituyente, o que prosiga el actual marasmo a la espera de un agotamiento del impulso democrático.

Para algunos analistas del norte de África, la amenaza que pesa sobre Argelia es el modelo de salida militar que ya impera en Egipto desde el golpe de Estado del general Abdelfatá al Sisi en 2013, que desplazó del poder al presidente islamista Mohamed Morsi y sumió el país en una oleada represiva. Gaid Salah, como Al Sisi, el coronel libio faccioso Jalifa Hafter o la actual junta militar instalada en la represión en Sudán se dice que  cuentan con el mecenazgo político de las monarquías petroleras del golfo Pérsico, inquietas ante una democratización que pudiera llegar a las puertas de sus palacios, y con la indiferencia de una Europa más preocupada por sus propios problemas que por la democracia de los vecinos del sur. La única Monarquía democrática del África es la monarquía marroquí que ha entendido que su pueblo debe prosperar en paz.

El Consejo Constitucional señaló que el presidente interino deberá encargarse de convocar las próximas presidenciales y prestar juramento al nuevo presidente. El insalvable problema es que la calle exige día tras días la dimisión de Bensalá y la de Nordín Bedui, el primer ministro nombrado por Buteflika antes de dimitir y encargado de la supervisión de las elecciones. Varios políticos de la oposición declararon que el Consejo Constitucional se ha extralimitado en sus funciones al prolongar la interinidad de Bensalá. “Estamos fuera de la legalidad”, declaró en su el opositor Djamel Zenati.

Una de las cuestiones interesantes de este conflicto argelino es que el pueblo no quiere saber nada del Frente Polisario, con el cual se han gastado ingentes recursos económicos que bien podrían haber ido en beneficio del pueblo.

El analista Adlene Mohammedi dice: “Me temo que nos encontramos ante la enésima astucia ‘constitucional’ del sistema. Ahora hay un nuevo debate estéril: ‘¿Puede ser prolongado el mandato del presidente interino?’ ‘¿El Consejo Constitucional ha actuado dentro de sus funciones?’ La respuesta es que estas son preguntas sin la menor importancia. Los debates constitucionales son una trampa grosera. Estamos ante actores que no respetan su propia Constitución y la utilizan como un arma contra la democracia y la voluntad del pueblo. Por tanto, olvidemos esta Constitución (…) Está caduca. Las reivindicaciones no son constitucionales: una transición sin los responsables actuales. Una verdadera transición”.

En 1988, Argelia era un país a punto de la quiebra económica debido a la corrupción del ejército y de la mayoría de sus políticos y se vio obligada a renegociar una deuda externa que le asfixiaba y aplicar un duro programa de ajuste estructural que originaría un rápido deterioro de las condiciones de vida de la población la que recurrió a cientos de protestas que fueron amagadas con grandes represiones. y el cuestionamiento del modelo de reparto de la renta del petróleo.

Posteriormente las cosas no cambiaron, grandes gastos militares, corrupción de la clase política-militar, proyectos ambiciosos inconclusos, etcétera. Hicieron, una vez más que la sociedad civil exija la dimisión de “las dos B”, Bensalá y Bedui, la disolución del Parlamento y del Consejo Constitucional y la creación de una Asamblea encargada de redactar una nueva Constitución. Pero todo eso ha chocado hasta ahora contra la voluntad de Ahmed Gaid Salah que se aferra a la hoja de ruta del artículo 102 de la constitución vigente que garantiza la permanencia de las autoridades del régimen de Buteflika.

Debemos recordar que miles de argelinos salieron a la calle en las principales ciudades del país para protestar contra la presentación de Buteflika para un quinto mandato, la sociedad civil ha ido obteniendo victorias sin precedentes. Cuando pedía la eliminación del quinto mandato Buteflika, o quien pudiese actuar en su nombre, ofreció no presentarse a más elecciones, pero quiso mantenerse en el poder hasta que resultara elegido otro presidente. La calle se opuso porque veía en ese movimiento la perpetuidad del régimen. Después, la sociedad civil consiguió la dimisión del presidente del Consejo Constitucional, Tayez Belaiz, una de “las tres B”, junto a Bensalá y Bedui. Después Gaid Salah impulsó los comicios del 4 de julio y ahora el régimen tiene que postergarlos.

La “revolución” cumplirá  en Argelia 4 meses a mediados de junio. Mientras tanto, el régimen no solo mantiene a las mismas autoridades que nombró Buteflika -o nombraron en su nombre- sino que mantiene los mismos métodos de represión. “La mejor prueba de que el régimen perdura”, escribió el analista  Mustapha Hammouche en el diario Liberté, “es que siguen encarcelando a argelinos por sus opiniones, algunos de ellos llegan a morir y otros están en grave peligro de muerte. El poder no puede continuar, como ha hecho, probando indefinidamente la resolución y la resistencia del pueblo que se manifiesta para cambiar el orden político”.

Por su parte, el analista Makhlouf Mehenni dice: “El poder no ha cedido en nada esencial y no ha mostrado signos que hagan pensar que se dispone a hacer concesiones serias. (…) Continuar dando vueltas en círculos no servirá ni al poder ni al país. El primero se arriesga a coleccionar varapalos. Y el segundo, a precipitarse en el muro de una coyuntura económica y social muy poco favorable”.

Llegará un momento que la represión se hará insostenible y el país podría caer en la misma vorágine de Libia. Los representantes del gobierno argelino en Latinoamérica brillan por su silencio y ni siquiera aceptan conversaciones de grupos amigos para conversar sobre el tema.

e-mail: conchamh@gmail.com

 

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