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Argelia e Israel: Entre el Discurso Doble y la Ineficacia Política

Las cosas, claras

Mi identidad no importa, solo mi mensaje. Mi hermana ha vuelto a Marruecos tras meses de hospitalización en Nuakchot, pero el resto de mi familia sigue en los campamentos del Polisario en Tinduf, olvidados por la “solidaridad” internacional y los “derechos humanos”.

En la actualidad, nos encontramos ante un escenario desconcertante en el que la esquizofrenia política y la hipocresía diplomática de Argelia quedan expuestas, especialmente en relación con su postura ante la acción legal contra Israel emprendida por su aliada Sudáfrica ante la Corte Internacional de Justicia por « crímenes de genocidio » en la Franja de Gaza. La omisión de Argelia al expresar apoyo público o emitir un comunicado respaldando la decisión de Sudáfrica, a diferencia de otras naciones como Bolivia, suscita dudas sobre las verdaderas posturas del Palacio Presidencial en relación con la causa palestina, la cual Argelia ha proclamado como su embajadora y estandarte en el mundo. Incluso el presidente argelino afirmó personalmente su seguimiento cercano de la cuestión antes de la Operación « Diluvio de Al-Aqsa ».

Se esperaba que Argelia liderara la iniciativa para enjuiciar a Israel internacionalmente y buscara el respaldo necesario, utilizando todos los medios disponibles, o al menos expresando su apoyo a la acción de Pretoria, aunque solo fuera mediante un comunicado diplomático. Sin embargo, nada de esto ocurrió, y observadores opinan que esta falta de acción refleja la duplicidad en el discurso político argelino y muestra el « miedo y la incapacidad » del régimen para evitar errores pasados, describiéndolo como un « régimen de consignas ». Otros sugieren que la ausencia de elogios por parte del Palacio El Mouradia hacia la acción de su aliado podría deberse a una « frialdad diplomática » en las relaciones bilaterales.

No podemos pasar por alto un video que la maquinaria propagandística argelina intenta desesperadamente hacer desaparecer. En dicho material, se observa al presidente argelino, Abdelamjid Tebboune, pavoneándose frente a las cámaras con una frase que ha adquirido estatus de culto: « La causa palestina, déjenmela a mí, yo me encargo ».

Todos esperaban que Argelia liderara la iniciativa legal contra Israel o al menos respaldara públicamente la acción de Sudáfrica, ya que, aunque Argelia no ha ratificado algunos acuerdos que le permitirían presentar una demanda internacional contra Israel, siendo autodenominada « portadora de la causa palestina en el mundo árabe », debería respaldar esta acción o buscar otras vías para enjuiciar a Tel Aviv, como los tribunales internacionales, al ser miembro de las Naciones Unidas.

Sin embargo, la realidad es diferente. El régimen gerontocrático militar argelino parece ser incapaz de intervenir en asuntos de esta índole y opta por la retórica vacía, eligiendo el silencio y la inacción por temor a repetir los mismos errores del pasado. Aunque la reciente decisión de Argelia de otorgar becas adicionales a estudiantes palestinos en su territorio es importante, no refleja la prioridad actual. En cambio, se espera que el país se movilice a nivel de instituciones internacionales para respaldar al pueblo palestino y trabajar hacia una solución política para su causa.

La postura ambivalente y la falta de acción efectiva por parte del régimen argelino en este asunto reflejan la inconsistencia de su discurso político y dejan al descubierto la falta de peso y prestigio que lo incapacitan para abordar estos temas a nivel internacional. El mundo observa con atención cómo Argelia, autodenominada « defensora de la justicia », se enfrenta a un dilema que revela su incapacidad para respaldar sus palabras con acciones concretas. Dadas las circunstancias, tampoco podemos pedir peras al olmo.

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