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Argelia en el Consejo de Seguridad de la ONU – Entre la Ambición y la Hipocresía

Análisis crítico

Mi identidad no importa, solo mi mensaje. Mi hermana ha vuelto a Marruecos tras meses de hospitalización en Nuakchot, pero el resto de mi familia sigue en los campamentos del Polisario en Tinduf, olvidados por la “solidaridad” internacional y los “derechos humanos”.

La vuelta de Argelia al Consejo de Seguridad de la ONU plantea serias interrogantes sobre su idoneidad y sinceridad. Más allá de las declaraciones grandilocuentes, sus acciones y contradicciones evidentes sugieren que la presencia de Argelia en este escenario crucial puede ser más perjudicial que constructiva para la paz y la estabilidad mundiales.

La reciente vuelta de Argelia al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, según un informe del Instituto Washington para Políticas del Bajo Oeste, plantea más preguntas que respuestas sobre las verdaderas intenciones y la coherencia de este actor regional. Este retorno, tras dos décadas de ausencia, nos lleva a cuestionar la legitimidad y la sinceridad de las acciones argelinas en el ámbito internacional.

En primer lugar, la elección de Argelia para ocupar un asiento no permanente en el Consejo de Seguridad parece más una maniobra de relaciones públicas que un compromiso genuino con la paz y la estabilidad globales. Esta reincorporación se presenta como un intento de reforzar su posición en el escenario mundial, pero ¿qué credenciales tiene Argelia para desempeñar un papel relevante en cuestiones de seguridad internacional?

El informe destaca los esfuerzos de Argelia por diversificar sus alianzas, incluyendo su intento de unirse al grupo BRICS. Sin embargo, esta aparente búsqueda de nuevas alianzas se asemeja más a un intento de ganar apoyo geopolítico que a un compromiso genuino con principios compartidos. ¿Deberíamos creer que Argelia, con su historial interno y regional, realmente comparte valores y objetivos con las naciones BRICS?

La posición de Argelia en relación al Sáhara marroquí, respaldando el movimiento terro-separatista saharaui, revela una doble moral alarmante. Mientras Argelia pretende abogar por la “autodeterminación en el Sáhara Occidental”, rechaza aplicar los mismos principios en su propio territorio. La contradicción entre sus acciones y retórica plantea dudas sobre la honestidad de Argelia al abordar conflictos regionales.

Otro punto crítico se encuentra en las relaciones con Estados Unidos. La posible tensión con Washington sobre la cuestión de Palestina expone la falta de coherencia en la política exterior argelina. Mientras busca una mayor alineación con los Estados Unidos, Argelia no duda en adoptar posturas que podrían socavar esfuerzos diplomáticos conjuntos. Esta falta de coherencia socava cualquier credibilidad que Argelia pueda pretender tener en la arena internacional.

En cuanto a las cuestiones regionales, la atención prestada al Sahel no puede ocultar la realidad de que Argelia, en lugar de contribuir a la estabilidad, a menudo ha sido un jugador desestabilizador en asuntos regionales. Su participación en debates sobre la inestabilidad en Mali, Niger y Chad debería hacer que el mundo se pregunte si Argelia busca genuinamente soluciones pacíficas o si está exacerbando tensiones para avanzar en sus propios intereses.

En definitiva, la presencia de Argelia en el Consejo de Seguridad, según este análisis crítico, parece más perjudicial que constructiva para la paz y la estabilidad mundiales. La comunidad internacional debe mirar más allá de las apariencias y cuestionar la autenticidad de las acciones de Argelia en este escenario crucial, exigiendo una mayor transparencia y coherencia en su actuar internacional.

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