Mi identidad no importa, solo mi mensaje. Mi hermana ha vuelto a Marruecos tras meses de hospitalización en Nuakchot, pero el resto de mi familia sigue en los campamentos del Polisario en Tinduf, olvidados por la “solidaridad” internacional y los “derechos humanos”.
Buscando soluciones a problemas sin ellas. El régimen militar argelino atrapado por su delincuencia: su viejo general y hombre fuerte del régimen agonizando y uno de los más importantes caciques de su inteligencia y de sus aparatos de represión que decide dar el portazo.
Ante tan amenazante panorama la solución de siempre: tratar de exportar los problemas… hacia Marruecos, cuyo rey disfruta de una excelente salud.
Es el gran problema de esta junta militar que asimismo está en una fase de agonía: Sentir el agua en el cuello y soltar las riendas a su legión de cucarachas en los medios de comunicación y en las redes sociales.
Marruecos está bien. Prospera con pasos seguros e inquebrantables. El que anda tropezando es Argelia y sus dirigentes de tercera edad.
La impostura tiene un límite. Argelia toca fondo.
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