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Argelia: Fin de un régimen… fin de su criatura

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, internada hace 11 meses en un hospital de Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a poder llegar parte de ellas.

Los que, en estos tristes campamentos, conocen la historia contemporánea de Argelia, no deben ignorar que sus padres fundadores hablaban en 1958 en Tánger de la unidad y de la complementariedad.
No habían pensado en crear milicias para desestabilizar a sus socios magrebíes y creían aun en los ideales de la fraternidad, convivencia y verdadera solidaridad.
Ninguno de los padres fundadores del país del millón y medio de mártires, habló nunca de un Polisario, Bisario o Monosario. No existía aun y no podían imaginar que los servicios secretos de su país iban a inventar tan horrible pesadilla regional.
No podían ignorar que no es con un Polisario como pueden surcar una salida de sus minerales, petróleo y gas hacia puertos atlánticos. solicitarían que muriesen de nuevo.
Y hoy, cuando casi todo el mundo presagia el fin del actual régimen, difícilmente
Tampoco podían ignorar que, frente a su petróleo y gas, su vecino marroquí tiene otra riqueza infinitamente más poderosa y más valiosa: su pueblo.
Si resucitaran, pedirian que vuelvan a morirse por lo que hacen sus sucesores.
Y entodo caso, nadie en estos tristes campamentos  puede creer que sobreviviera su criatura, creada para un fin que en 43 anos y a todas luces dentro de otros 43 anos o siglos, nunca… jamás realizaría ni un grano de sus perturbados sueños.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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