Argelia por dentro Por Clara Riveros

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Clara Rivero es politóloga. Consultora y analista política en temas relacionados con América Latina y Marruecos y directora en CPLATAM -Análisis Político en América Latina- Septiembre, 2018

En 2015, el historiador y académico, Adam Shatz, presentó una pertinente radiografía de Argelia. Shatz aproxima el sistema político argelino como un “híbrido muy peculiar de democracia electoral y Estado policial”. Explica que los líderes del Frente de Liberación Nacional (FLN) han sido sacralizados. Uno de ellos es el actual presidente, Abdelaziz Buteflika, de origen marroquí. Buteflika gobierna el país a sus 81 años, aunque cada vez son más las voces que cuestionan que sea Buteflika quien, efectivamente, gobierna. El mandatario enfrenta severos problemas de salud e incluso discapacidad, su estado de salud es objeto de constante especulación luego del accidente cerebrovascular que sufrió en 2013 y que impactó su habla y movilidad, por lo que hoy genera serias dudas respecto a su capacidad de gobernar y de liderar el paí

Abdelaziz Buteflika, presidente de Argelia

Las decisiones políticas no emanan de la deliberación en el Legislativo o Asamblea Nacional. El régimen fundamenta o atribuye su legitimidad, para mantener su inamovilidad en el poder, en relación con dos hechos: 1. Fueron los hombres de la independencia y, 2. Derrotaron el terrorismo islámico en la década de 1990. Esa situación ha llevado a que intelectuales argelinos, como el escritor argelino Kamel Daoud, consideren que “Argelia será verdaderamente libre solo cuando se “libere de sus libertadores””. Por lo anterior, las decisiones del país las toman esos líderes consagrados, es decir, el círculo inmediato a Buteflika. “Argelia no ha sido gobernada por un joven desde la década de 1960”. El investigador norteamericano destaca que, en la cúpula política, militar y en los servicios de inteligencia el promedio de edad de los dirigentes ronda los setenta años.

En 1962 se instaló un régimen de partido único y fue hasta 1989 cuando se legalizó la existencia de partidos políticos diferentes al Frente de Liberación Nacional. “El Frente Islámico de Salvación emergió como el partido de oposición más poderoso del país”. Tras la guerra civil (1992-2002), el “proyecto de reconciliación” amnistió a quienes depusieron las armas. La paradoja de la guerra civil, sin embargo, consiste en que los islamistas que no lograron derrocar al Estado, aumentaron su presencia “desde dentro”, gracias al proyecto de reconciliación de Buteflika. El régimen nunca negoció con el ala política del islamismo (FIS) sino con los rebeldes armados y a puerta cerrada. “Las fuerzas de seguridad responsables de asesinatos extrajudiciales y desapariciones no enfrentaron cargos. A los combatientes islamistas les fue todavía mejor. Bajaron del maquis, la resistencia en las montañas, y volvieron a la mezquita. Se dijo que a muchos se les dio empleo y propiedades”. Ahora los islamistas son parte del poder y participan en la Asamblea Nacional. El poder no es laico ni islamista, ha seguido una política de “indecisión deliberada” tolerando tanto a los islamistas radicales como al “frágil experimento” de liberalización cultural, analiza Shatz.

“Y para los generales argelinos, que son quienes más influyen en la toma de decisiones, su presencia tiene el atractivo extra de que sirve para advertir a los otros argelinos –así como a los aliados de Argelia en Washington y París– sobre lo que podría ocurrir si el ejército y los servicios de inteligencia relajaran su control”, observa el historiador.

Todo esto ha incidido, según se extrae del análisis, para que “Argelia se ha[ya] ganado la admiración de las potencias occidentales, sobre todo de Estados Unidos, por la forma en que han llevado el contraterrorismo regional, el profesionalismo y la eficiencia de sus servicios de inteligencia y sus habilidosos recursos diplomáticos en Túnez, Libia y Mali”. Lo que sostiene el régimen a través de representantes como Ramtane Lamamra es que Argelia “es exportador de seguridad y estabilidad”. No obstante, contrasta con la versión oficial esa “extraña neutralidad” que mantienen las autoridades argelinas ante los exabruptos del salafismo y que, según Shatz, tiene que tiene que ver con el hecho de que las autoridades argelinas (luego de diez años de guerra interna contra la insurgencia islamista) comprendieron que no podían derrotarla por la vía militar, así que optaron por incorporarla al sistema a través del acuerdo pactado con Buteflika en 1999.

El actual presidente llegó al cargo en 1999 y está próximo a culminar su cuarto mandato. Pese a sus condiciones, todavía hay quienes lo proponen para un quinto mandato. Su primer ministro, Ahmed Uyahia, le pidió hace poco que “siga su misión y su sacrificio en servicio de Argelia”.

La opacidad del régimen no ha permitido conocer si se tiene un plan de transición política. De hecho, algún ministro le habría respondido a Nicolas Sarkozy, expresidente francés, que justamente es en la falta de transparencia y secretismo donde “radica nuestra fuerza”. El secretismo, documenta Shatz, fue heredado de la insurgencia anticolonial y continuó como modus operandi del poder tras la independencia. “Se gobierna Argelia como si la guerra nunca hubiera terminado. Cada nueva crisis (las revueltas del pan, la guerra civil, las protestas de los bereberes, la Primavera Árabe) ha justificado una posición de guerra permanente. Y cada emergencia ha retrasado el asunto de “qué pasa después de la liberación””, cuestiona el escritor Kamel Daoud.

Populismo y corrupción

La economía argelina sigue un modelo extractivista y dependiente del gas y del petróleo, cuestión en absoluto desconocida en América Latina. La explotación de estos recursos (petróleo y gas) constituye más del 90 % de las exportaciones argelinas, por lo cual, en 2015 las reservas del país alcanzaban casi los doscientos mil millones en moneda extranjera, según cita Shatz. Sin embargo, como muchas de las economías dependientes de los precios del petróleo, el país tampoco ha avanzado en diversificar su economía. Argelinos critican la supuesta liberalización de la economía que ha beneficiado la emergencia de un capitalismo de amigos con la venta de empresas estatales a personas cercanas al régimen. Lo anterior ha permitido que algunos acumulen inmensas fortunas, también cuestionan que el régimen haya facilitado el ascenso de una clase media parasitaria que no genera riqueza propia. El populismo ha sido el instrumento utilizado para contener la Primavera Árabe en Argelia y asegurar la estabilidad del régimen frente a las manifestaciones de 2011, “pero, como suele hacer, el pouvoir las contuvo movilizando a miles de policías en la capital, bajando el precio del azúcar, la harina y el aceite, y ofreciendo dinero en efectivo a los jóvenes que quisieran iniciar (o que afirmaran querer hacerlo) su propio negocio”.

Las autoridades han combinado el capitalismo de amigos, las políticas asistencialistas dirigidas a lograr la paz social mediante prebendas, subsidios y la financiación de emprendimientos, además de potenciar el consumo interno. Todas éstas, formas de asegurar la estabilidad del régimen durante los años de bonanza. Pero Argelia, como otros petro-Estados, se ha visto sacudida y afectada en los últimos años por el descenso en los precios del petróleo. Los ingresos del país por la venta de petróleo y gas han disminuido desde 2014 y las autoridades han debido implementar medidas de austeridad, con lo cual, las tensiones sociales y el descontento popular han aumentado.

Aun así, el círculo de Buteflika lo anima a buscar un nuevo mandato para ganar oxígeno y asegurar, un tiempo más, la permanencia en el poder de un régimen caduco y senil.

Escándalos recientes

A finales de mayo fue interceptado un buque con bandera liberiana, en el puerto de Orán, con 701 kilos de cocaína, procedente de Brasil y que tendría como destino final España, según informó el ministro de Justicia, Tayeb Louh. En la operación resultaron detenidas seis personas que trabajaban en una red internacional de tráfico de droga. El ministro también señaló que el análisis del material incautado propició otras investigaciones colaterales y explicó que se remitieron cartas rogatorias a Brasil, de donde provenía el cargamento interceptado, y a España, destino final del buque. El líder de la red criminal sería Kamel Chikhi, promotor inmobiliario, quien logró obtener “ventajas y facilidades de personas y funcionarios” gracias a su actividad. El empresario ahora enfrenta cargos por tráfico de influencias y blanqueo de dinero. Louh aseguró que esta operación policial representa la mayor incautación de droga en la historia del país. El funcionario pidió “respeto por las instituciones, especialmente de la justicia, duramente cuestionada tras la suspensión de 11 magistrados y la detención de dos fiscales” y defendió que no habrá “impunidad”, según señala la prensa española y refiriendo a la prensa local, destaca que varias personalidades de la magistratura y de la clase política se han visto salpicadas por este caso, entre ellos el hijo del antiguo primer ministro Abdelmadjid Tebboune, un ex alcalde del municipio de Ben Aknon (Argel), un fiscal y un agente jubilado de la Gendarmería.

A finales de julio, la Fundación Sur sostenía que eran 150 las personas involucradas en este caso de tráfico de cocaína en Argelia, entre miembros del Parlamento, gobernadores, líderes e incluso alcaldes: “muchos funcionarios están bajo control judicial como implicados en el caso de los 7 quintales de cocaína. Cerca de 150 altas autoridades civiles, políticas, empresarios y militares están involucrados en el caso de cocaína y blanqueo de dinero, una corrupción masiva que implica destituciones, investigación, enjuiciamientos, arrestos, y prohibición de abandonar el territorio, y que revelan lo que la opinión pública lleva denunciando durante años, según dice la Liga Argelina de Derechos Humanos”.

Unas elecciones que generan dudas y escepticismo

En los meses recientes se conoció la aspiración presidencial de Nacer Boudiaf, hijo del presidente asesinado Mohamed Boudiaf, quien decidió iniciar su campaña de cara a las elecciones que tendrán lugar en 2019. El anuncio de Boudiaf se oficializó en la región de Tizi Ghennif. Sin embargo, la carrera presidencial del candidato, dados los antecedentes del país, no estará exenta de obstáculos y dificultades, toda vez que compite en una cancha inclinada en favor del actual presidente.

Cabe recordar el anterior proceso electoral y la situación acaecida con el intelectual y ex militar Mohamed Moussehoul, conocido por su seudónimo literario como Yasmina Khadra. Khadra, crítico del régimen, ha cuestionado no solo a la sociedad argelina sino, especialmente, a la estructura mafiosa que detenta el poder: “¿cómo explicar que a pesar de los enormes recursos naturales, no hayamos podido lograr un lugar respetable en el mundo?”. Para el escritor “Vivimos en la oscuridad, andamos a tientas en pleno día y avanzamos un paso para retroceder dos […] Nuestro país está ciego y enfermo, agotado por la corrupción y la depredación”. El entonces candidato expresaba de este modo su frustración al competir sin garantías y en condiciones desiguales: “De momento, he hecho todo por ser un candidato oficial, una cuestión que no es fácil. Me he enfrentado a una burocracia desalmada que desinforma, manipula y busca desmotivar a mis comités de apoyo y a las personas que me quieren arropar”.

El candidato independiente debía reunir 60.000 firmas para presentar su candidatura y aseguró, en ese momento, que los comités y grupos que lo apoyaban eran blanco de “intimidaciones estúpidas, de saboteadores y de falsos aliados” que, según el escritor, se habían infiltrado para destruir los formularios destinados a recoger las firmas para apoyar su candidatura. El medio español La Vanguardia, refería la coyuntura electoral argelina, en febrero de 2014: “Khadra critica el proceso electoral en su conjunto, un proceso que para un gran número de argelinos, así como de expertos y analistas ya está decidido de antemano, máxime, desde el anuncio de la candidatura del actual presidente Abdelaziz Buteflika, en el poder desde 1999”.

Por su parte, Nacer Boudiaf, aspirante a convertirse en presidente de los argelinos en 2019, promete desde ya que de obtener el apoyo necesario para convertirse en presidente buscará construir un sistema político para el conocimiento, la justicia, la educación, la cultura y el comercio fructífero. Estima que podría ser él quien cumpla el sueño de su padre al devolverle al pueblo argelino la soberanía y promete que procederá a un cambio de régimen pacífico y de acuerdo con la voluntad popular.

Medios registraron últimamente que el ministro de Asuntos Exteriores, Abdelkader Messahel, habría empezado a obstaculizar la aspiración del candidato, al privarlo de su pasaporte diplomático y con el fin de impedir su movilidad y limitar sus actividades. Se sugiere que, en tanto la candidatura del opositor llegue a ser creíble, el régimen buscará torpedearla para despejar el camino a Buteflika.

 

 es politóloga. Consultora y analista política en temas relacionados con América Latina y Marruecos y directora en CPLATAM -Análisis Político en América Latina-

Septiembre, 2018