Mi identidad no importa, solo mi mensaje. Mi hermana ha vuelto a Marruecos tras meses de hospitalización en Nuakchot, pero el resto de mi familia sigue en los campamentos del Polisario en Tinduf, olvidados por la “solidaridad” internacional y los “derechos humanos”.
La junta militar argelina ha recorrido toda Europa de punta en punta para seleccionar la jauría de narcotraficantes para desestabilizar el Rif marroquí. Ahora la debe, necesitar para calmar la tensión social extrema en el país.
De hecho, el zafarrancho que conoce el país no es obra de nadie. Es única y exclusivamente obra de la mala gobernación de la junta militar.
El ejército de vende-causas que el viejo Changriha ha lanzado para contrarrestar el legítimo descontento popular acabará complicando más la situación.
La cúpula argelina sabe ahora que de nada sirven las milicias, que la consagración a la desestabilizar a los vecinos y a los que no lo son pueden acarrear nefastas consecuencias como queda claro estos días en Argelia con el movimiento social.
Pero, seguramente con la represión y los métodos autoritarios y antidemocráticos se lograría, como se había logrado en más de una ocasión, a sofocar la voluntad popular pero el mensaje debió haber llegado.
El régimen militar argelino va en el mal camino.
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