Argelia no es más que una marioneta de sus propias inseguridades, un país sin raíces históricas sólidas, que utiliza al Frente Polisario como un instrumento geopolítico en una guerra fría disfrazada
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Mi identidad no importa, solo mi mensaje. Mi hermana ha vuelto a Marruecos tras meses de hospitalización en Nuakchot, pero el resto de mi familia sigue en los campamentos del Polisario en Tinduf, olvidados por la “solidaridad” internacional y los “derechos humanos”.
Es el destino de todos los vendepatrias y de los traidores.
Se equivocan los que creen que el discurso del Trono fue en Argelia lo que alucino el Polisario o la prensa polpotiana. La mano tendida del rey Mohamed VI ha encontrado idos receptivos en las altas esferas argelinas, trazando lo que ha comenzado a ser el comienzo de un sentido común.
Falta por encontrar una solución a la milicia del Polisario que los narcotraficantes “rifeños” argelinizados no pintan en ninguna parte. Volverán, dentro de poco, a donde han venido. Los argelinos necesitan su país sin milicias ni escorias. Quien vende un país puede vender dos o tres.
Las apariencias pueden engañar. La solución vendrá sola. Marruecos es indestructible. Marruecos es inoxidable. Marruecos inspira su fuerza de su nobleza.
Hoy o mañana, la verdad eclipsará la impostura y las falas alucinaciones.
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