Cronica desde TindufCrónicasFeatured

  Argelia y su Polisario Amigos, mentores y “enemigos”

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Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf, pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a llegar.

La gente en este gulag argelino de Tinduf alaba a Dios que, como diría el viejo Mahfud, “Hace del blanco, negro y del negro, blanco”. Alusión a la “flexibilidad” en su visceral odio y envidia hacia Marruecos a cusa del Movimiento saharaui para la paz (MSP) que, actualmente, sin declararlo, constituye el enemigo N°1 del Polisario y su mentor argelino por lo que representa, por cómo crece y como se arraiga en los campamentos y fuera de ellos.

“El verdadero enemigo”, me decía un alto cargo en Rabuni, hablando del MSP y su fundador Hay Ahmed Baricala. Brahim Ghali nunca hui era creído que el hombre era tan carismático entre la población saharaui.

Los demos domésticos de Argelia en la cúpula polisarista tampoco podían imagina que la popularidad de los disidentes de la banda pudiera crecer tan vertiginosamente.

Hoy por hoy, lo saben. Saben también que hoy es mejor que ayer. Ayer mejor que hace 50 años y peor que mañana y pasado.

La simple evocación del nombre del Polisario y sus caciques produce una extraña sensación de rechazo y de indignación.

Los campamentos está cambiando a una velocidad de la luz.

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