Cronica desde TindufCrónicasFeatured

Argelia y su Polisario: Covid-19: Morir mil veces en Tinduf

Lo oculto y lo aparente

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf, pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a llegar.

¿Quién podría imaginar la catastrófica situación de la pandemia en los campamentos argelinos de Tinduf, aunque de manera aproximativa?

No. Nadie. Nada de lo que se ha dicho o escrito es cierto. Si en los hospitales de M’Sila (Argelia) los muertos por coronavirus son abandonados por los suelos, ¿cómo puede presentarse la situación entre sus domésticos y milicianos?

Aquí en este gulag argelino la única “verdad” que trasciende es de la cúpula mercantil del Polisario. Decenas de muertos, desaparecidos, “extraviados” y “encargados” de misión, cuyo destino nadie conoce, pasan a engrosar el dominio del misterio de este gulag argelino, donde todo falta, menos los misterios.

La situación es catastrófica. Los médicos cubanos han sido “rogados” de cerrar el pico. Covid-19 es, aquí en estos tristes campamentos, una razón de Estado. Brahim Ghali y sus próximos colaboradores se atrincheran en nadie sabe que ni dónde.

Sin medicamentos, sin vacunas, sin posibilidad de que haya una mínima intención de proteger a esta indefensa población, los campamentos yacen, encuartelados por los mentores argelinos ayudados por sus domésticos locales.

“Los argelinos aparecen solo cuando llega la ayuda humanitaria o cuando se enteran de alguna operación de narcotráfico”, denunciaba, con lágrimas de un anciano de 83 años, H.MIT. A lo que recibe por respuesta: “Argelia y sus criminales mandatarios tienen cita con la justicia divina”.

Dios Es Grande. Dios Posterga pero no Descuida.

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