Cronica desde TindufCrónicasFeatured

Argelia y su Polisario Las cosas, claras

Sentido comun

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf, pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a llegar.

 

Desde el triste pero indispensable episodio de El Guergarat ha quedado claro que ni en esta zona de amortiguamiento ni en Edem Izik ni en ninguna parte del Sahara marroquí, encontrará Argelia un “cobijo” para su Polisario.

¿Qué hacer? Ver la realidad con realismo, acatar las resoluciones del Consejo de seguridad y dejar de creer que la solución al artificial conflicto que ha creado y mantiene estaría entre manos otras que las de Marruecos y sus poblaciones saharauis.

Año tras año, dentro de poco será siglo tras siglo, pierde Argelia con el Frankenstein que ha creado y arrastra con ella la región, la paz y la estabilidad regionales.

Sin embargo, no es difícil abrir los ojos y ver la diferencia entre lo posible y lo imposible, ver que lo que no se ha realizado en medio siglo no puede ser realizado de sopetón…

Marruecos es mejor que ayer, peor que mañana ¿Y los detractores de su unidad e integridad territorial?

Hasta ahora, 46 años después, se han ensayado y agotado todas y cada una de las fórmulas bélicas, de amenaza y de chantaje. ¿Qué queda? Lo real y realista para evitar a miles de inocentes seguir vegetando, prometiéndoles viento y marea.

Las cosas lo que son, queda la buena fe, el sentido común y la política tendida como hizo y hace Marruecos.

Los tiempos no son para sueños perversos…

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