Cronica desde TindufCrónicasFeatured

Argelia y su Polisario Mal negocio

Pensarlo dos veces

 Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf, pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a llegar.

Argelinos y sus domésticos polisaristas se acusan mutuamente. Severas ordenes e instrucciones por una y otra parte amenazan con la más cruel de las sanciones a quien trascienda los entresijos de esta “situación”.

“Desde base tiempo la actitud de Argelia ha cambiado radicalmente”, se quejaba uno de los próximos colaboradores y “protegidos” de Brahim Ghali antes de enlazar “… “pero Ghali el ‘presidente’, obra y gracia del menor argelino (Esto lo puntualizamos nosotros) no quiere escuchar ni ver”.

La gente, no obstante, se pregunta por su destino y el de sus hijos y nietos. “Estos argelinos son capaces de tirarnos como se tira un periódico de ayer”. El viejo Hamdi GT no lo piensa dos veces antes de rematar: “lo hicieron con los subsaharianos después de decenios en Argelia, acabándose tirados en pleno desierto”.

La gente se inquieta. Entre la escandalosa adulación de unos y la intransigencia de otros, es el futuro de decenas de miles de personas que, peor que los subsaharianos de Argelia, pueden encontrarse mañana o pasado colgados entre el cielo y la tierra.

“ya nadie traga los cuentos de los territorios liberados u ocupados” con sus 78 años, 43 de ellos dilapidados en este gulag argelino, el viejo Hamdi ya no tema a/de nada. Pero sabe que al Polisario y su impostura no les queda mucho.

“Argelia se quedará sin salida a sus minerales al Atlántico y con una factura que ilustra la quiebra”. El hombre sabe lo que dice.

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