Mi identidad no importa, solo mi mensaje. Mi hermana ha vuelto a Marruecos tras meses de hospitalización en Nuakchot, pero el resto de mi familia sigue en los campamentos del Polisario en Tinduf, olvidados por la “solidaridad” internacional y los “derechos humanos”.
La junta militar argelina busca, desesperadamente algún apoyo para su entidad fantoche del Polisario.
En vano. De mal en peor. Los que había se fueron y los que se trata de seducirlos con espejismos dan el portazo.
El viejo Changriha lo sabe: es el comienzo del fin de su impostura que durado mas de lo que debía.
Los rimeros dañados son los propios argelinos, luego la región.
Fuerte con su derecho, su historia y la elección libre de sus poblaciones, Marruecos sabe que la verdad acabará por prevalecer. Todas las inversiones argelinas en esta impostura caerán en agua de borraja.
A falta de pan, buenas son las tortas y a falta de apoyo, buenos son unos disparos en una tierra desértica para volver a mentir a una población con, cada vez mas desconfianza y parquedad, de que si el Polisario existe.
Medio siglo de mentiras, de perversas maniobras y de ilusiones llega a un callejón sin salida.
¡Se acabó!
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