Cronica desde TindufCrónicasFeatured

Argelia y su Polisario ¿Tiempo añadido?

Hacia dónde y hasta cuàndo?

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf, pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a llegar.

La población de este gulag argelino de Tinduf comienza a preguntar y a preguntarse ¿por qué es “refugiada” ?, ¿quién la ha refugiadizado y de qué huye?

Miles de sus hermanos viven en la más absoluta normalidad, disfrutado de su derecho a la ciudadanía, de su orgullo y de su dignidad en su patria marroquí, lejos de los apetitos hegemonistas argelinos y de sus proyectos expansionistas.

La gente se pregunta hasta cuándo. ¿Dónde está lo que prometieron los sucesivos mandatarios argelinos?

Más de 45 años de calvario, vegetando entre mentira y mentira y maldiciendo a este mal destino que les hizo acabar en un gulag y a sus verdugos del Polisario.

Casi todos los refugiadizados constatan, día tras día, el entusiasmo argelino que se esfuma. Una semana para responder a una solicitud de cita de los dirigentes del Polisario y un mes, dos o tres para decidir sobre lo que proponen.

Un entusiasmo que se apaga también entre los mimos dirigentes que ven que la “causa” se ha convertido en negocio y que los objetivos se transformaron en riquezas fáciles, ilícitas e inmorales.

Nadie en estos tristes campamentos ignora cómo llegaron a estos campamentos estos dirigentes y en cómo se han convertido.

Otros toman en serio lo de “ministro”, “wali”, “embajador” o… torturador oficial.

Lo que pasa en este gulag argelino de Tinduf es una vergüenza para la comunidad mundial.

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