Cronica desde TindufCrónicasFeatured

Argelia y su Polisario … y Marruecos y su Sahara

Las cosas, claras!

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf, pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a llegar.

Son, no cabe la menor duda, otros tiempos. Una prolongación, esto sí, de casi 46 años de conspiraciones de Argelia y misma canción de guerra de su Polisario y de iniciativas de paz y gestiones de convivencia y de distensión de Marruecos.

Y hoy, asustada por el giro de 180 grados que da la cuestión que había creado, Argelia se asusta y no sabe de qué pie debe bailar. Pero son otros tiempos. Las crisis internas (en plural) y una coyuntura mundial mortalmente desfavorable la obligan a hacer uso de los mismos y trasnochados argumento, pero con fuertes retoques de victimización.

Ni Argelia ni su Polisario. ¿Qué es lo que no ha ensayado el régimen argelino para desestabilizar a su vecino marroquí? Luego ¿A qué precio y con qué resultado?

Marruecos no necesitaba a Trump ni a Estados Unidos para confirmar su legitima soberanía sobre sus provincias del sur. No obstante, las nefastas tergiversaciones del régimen argelino han permitido, facilitado la “injerencia” de otros en lo que los dos países (Argelia y Marruecos) hubieran logrado solucionar satisfactoriamente, por el bien de los cinco pueblos del Magreb, por su complementariedad y por su bienestar, estabilidad, prosperidad y progreso, un conflicto que nunca debió existir pero que los militares argelinos creían escandalosamente poder asentar su peregrina hegemonía.

Nunca es tarde para recomenzar.

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