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Bicicleta *Etimad Bashkechid

Tribuna infomarruecos.ma

Se dice:  » A mi hijo lo cuido con ternura, pero su educación es más querido que él ». Nosotros  hablamos mucho sobre la educación de los azerbaiyanos, y tal vez incluso más que todos los pueblos del mundo. Sin embargo,hablando en conciencia, hay muchas personas que no están satisfechas con hablar solo y que pasan su tiempo libre criando niños. Mi padre, que trabajó como director de la escuela durante muchos años en Bashquechid, también era de la misma generación. La verdad es que mi padre no tenía demasiado tiempo libre para prescindirme y además él estaba ocupado todo el día. Así que él no podría enterarse de que melindreamos y haríamos todo el día y ni siquiera podíamos contarle sobre eso. Si no hubiera sido por mi hermano menor, Mejdí, ¡Hubiera sido así! Mi padre lo llamó el nombre de su padre, pero él se parecía más al abuelo de mi madre. Él era hablador y se iba de su lengua. Al entrar mi papá estaba empezando.

Durante el día fue lo que sucedió o no, y él contaba al padre. ¿Cuántas veces he pegado a este pequeño chacharero por la vigilancia? Tantas veces le persuadía y  era en vano.  No sé, podría ser que él estudiaba en la escuela rusa, o Mejdí era muy maestro. Entonces  él iba al segundo grado, y yo era tres años mayor que él.

Mi padre siempre lo escuchó con gran entusiasmo. Su réplica, tales como charlas semanales sobre ruso y turco, podría consumir a cada persona la paciencia pero mi padre en vez de enfedarse él le alisaba el pelo. Pero, la desgracia es que cuando mi padre no tenía ganos… En este caso, basándose en la información obtenida del monólogo del Mejdí, enfuriandose y con cara de vinagre él se empezaba a recordar a algunos de sus hijos ejemplares a largo plazo sermoneaba.  Entonces, como regla general, él prometería que estaría muy ocupado con nuestro entrenamiento. Porque nuestra madre nos ha abandonado a vuestra propia suerte y sisigue así no seremos hombres y no nos haremos mayores.

Es verdad que cuando mi padre decía “vuestra madre les ha abandonado a su propia suerte”, cada vez le sacar faltas a ella, pero esta vez no era tan injusto para ella. Ella estaba embarazada de su tercer hijo en el momento de la última vez (algo más de un minuto antes de que yo fuera a contarle) al meternos en vereda y cada vez más le preocupaba por su propia vida.

En los últimos días, mi madre no podía estar como alma en pena. O ella se acostaba, o jadeando se levantaba de la cama. O salía al patio, o todo el día se paseaba de un lado para otro. A veces hablaban la sordina. Ya estaba en quinto grado y tenía una idea sobre esto. Sabía que por otra semana habría otra persona en la casa. Esa noche, la incomodidad de mi padre se extendió a todos nosotros, y sobre todo, Mejdí fruncía los labios. A pesar de que era un niño, sabía que después de este reproche no podría pedir nada por un tiempo. En particular, el deseo de la bicicleta aún se quedaría. Dejó caer el libro, se sentó cerca del horno y comenzó a leer moviendo sus labios silenciosamente.

-No muevas tus labios cuantas veces tengo que decirte. ¡Qué costumbre tienes!

Mi padre estaba en ese momento disgustado con todo.

  * * *

Hablemos del deseo de la bicicleta de Mejdí antes de continuar con nuestro cuento. Digo que estaba en una bicicleta cuando estaba durmiendo, y no era mentira. Cuando era posible o no y tenía una pequeña oportunidad hablaba sobre la bicicleta. Recogió una gran colección de fotografías en una bicicleta, que cortó de varios periódicos y revistas, y guardó esta riqueza en su mochila escolar. También diría que el Mejdí no era uno de los niños de los que él hablaba y hablaba, pero, al igual que mi abuelo, trataba obstinarse a viva fuerza. Aunque él sabía muy bien, sería genial si su padre no quisiera cambiar de opinión. Mi madre, que no resistió las demandas interrumpidas del Mejdí, finalmente se puso de su parte:

-¡Por Dios! ¡Comprale la bicicleta y nos ha importunado a  con sus súplicas! Mi papá se extrañaría de su posición. Entonces, con una voz fuerte:

-¡Este no es el momento! Él dijo.

-¿Por qué no es el tiempo? Este es un niño ya mayor. ¡Toma la bicicleta y déjeme en paz con sus reproches!

La persistencia de mi madre en este asunto también indica un cambio en el poder de Mejdí a su favor. Por lo tanto, mi padre no pudo deshacerse de esto, diciendo: « Ahora no es el momento ». Finalmente tuvo que hacer su propia argumentación:

 – ¡Entiéndeme! No te preocupes, esto tendrá un mal efecto en la crianza del niño. Vamos a comprar cuando venga una ocasión adecuada.

-¡No te des prisa!

 Sí, no vale la pena hablar con mi padre cuando se trata de hablar. Él es un maestro y sabe muy bien qué hacer en este asunto. Tal vez él sabe mejor que nadie en Bashquechid. Porque él también es un director, no un maestro. ¿Quién dejaría que un hombre fuera el director quien no entiende de la educación? ¡No!

Lo más probable es que me decepcionó la negativa respuesta del padre que Mejdí. Aunque no me cae bien y estoy esperando ver a Mejdí en el día de la bicicleta… 

* * *

Pasó alrededor de un mes antes de esta conversación, y en este momento Mejdí ni siquiera no abrió la boca y no dijo nada de la bicicleta. Sin embargo, conocía muy bien al Mejdí y sabía que no se rendiría fácilmente. Además, como yo, no perdí la oportunidad de empujarlo y burlarme de él, así que de repente un día su lesión se rompiera y negara su bicicleta. Al despertarme todas las mañanas le gritaba al Mejdí por la voz con inseguridad y peligro para que mi padre no lo escuchara:

– Michel, ¿Puedes prestarme tu bicicleta? ¡Tengo un trabajo muy importante!

Mejdí no contestaba nada. Y comencé a darle unas esperanzas:

-No Michel, Michel, si creces y trabajas y ganas dinero, obtendrás una bicicleta buenísima. Es cierto que montar una gran persona en una bicicleta es un poco incómodo. Pero, ¿qué puedes hacer, comprar bicicletas y no escupirte a ti mismo…?

 Se mostró tan insignificante que no le importaba estas palabras irónicas.

   * * *

Una vez que estaba sentado bajo un peral en nuestro patio y comiendo peras. Mejdí, un trozo de papel arrugado en su mano, se acercó a mí. Expansión de mi trabajo para mí:

-¡Toma esto, léelo!- dijo.

Lo leí. Era una oración muy difícil, escrita en ruso.

 – ¿Qué es? – ¿Puedes traducirlo? Él prestó atención a mi cara. Había mucha ironía en su cara. En su expresión « puedes esconderse acobardado, Amigo mío ».

 Empezó a terquear: – ¿Qué quieres traducir? ¿En qué te parece díficil?

-En dos minutos te hago.

-¡Házmelo, si puedes!

Ha pasado dos horas. Encontré todos los diccionarios en casa y busqué. Por fin pude hacer la traducción. Aunque era difícil hacer en el azerbaiyano como en ruso. Mejdí se escabulló con la versión azerbaiyana de la oración, se la metió en el bolsillo del pantalón y se levantó a la mesa.

– Si me compran una bicicleta, montarás en ella cuanto quieras, dijo, -¡Te lo prometo, como un hombre!

Tal vez esta palabra fue un signo de gratitud. Mi pregunta sobre si esta propuesta era una bicicleta no respondió.

* * *

Era tarde. Sentados a la mesa de la cocina tomamos té. El embarazo de mi madre nose dejaba ver. Se reía de nosotros y bromeaba. Mi padre se volvió a Mejdí y dijo:

 – Mejdí, cuando terminen las clases, te voy a comprar una bicicleta. Compraré sin falta, nos ponemos de acuerdo?! 

 Mejdí no contestó. A mi padre no le gustaba la pregunta, que no fue respondida como todos los profesores.

-Te digo, ¿Está bien?

 -¡No! La quiero ahora.

Mi padre imitándole: – La quiero ahora. ¿Pero quién estudiará tus lecciones?

Mejdí no era un niño chistoso:

-Pero no me has comprado la bicicleta, ¿De dónde sabes que si la tengo estudiaré mal?

 – Si yo no supiera nada, no lo diría. Ya hemos puesto fin en esta conversación, vamos a comprar la bicicleta en verano.

Mejdí se agitaó un poco. Parecía qu tomaba una resolución. Miró de arriba a abajo cada uno de nosotros se detuvo en la cara de mi padre:

 -Padre, sabes, ¿quién eres tú?

 Mi padre era muy sorprendido al mirarlo.

-¿Quién?

– Extreme idealista subjetivo, que cree que su mente es el único sobreviviente y niega su existencia objetiva.

Me quedé estupído.  Era la misma traducción de la oración que hace unos días hicimos con mucha dificultad. Por un momento, me pareció que todos me miraban, pero cuando traté de concentrarme, mis mejillas comenzaron a contraerse, y yo estaba sudando. Pero ahora toda la atención se centra en Mejdí. Mi papá trató de parecer genial. Después de un pequeño silencio:

-¡Así que! ¿Por qué crees que soy un idealista subjetivo extremo?

 Él dirigió a Mejdí en “Usted” como si lo respetara como un oponente a quien respetaba.

-Porque el progreso en el mundo no significa nada para ti, y tus propios sentimientos por este proceso son todos… ¡Así que tú! …

 Mi madre me miró tan bien como mi padre, como yo. Le pareció evidentemente que no entendía nada de esta justificación.

-Entonces! ¿A qué se refiere Usted cuando dice « objetivo »? Padre tomó una fumada y sopló por encima de la cabeza de Mejdí.

En este punto, Mejdí era inquebrantable y se desintegró como un niño mal preparado.

– Objetivo… la existencia…

Ahora él parecía  como un cantante, que de repente tenía una nota muy alta. Él no pudo devolver la canción.

-Y tú, ¡Por Dios! ¿De qué están hablando? La voz de mi madre ayudó a Mejdí, ¿por qué no hablas el idioma musulmán?

 Mi padre no lo prestó atención:

-Nada, dijo, su hijo quiere decir que no es justo que no le haya comprado la bicicleta…

 Ha terminado la ceremonia de tomar té. Mi padre al salir de la cocina y dijo a Mejdí:

-Mejdí, ¡Dile a tu tío Mamish que el idealista subjetivo extremo es él! Cuando pronunció estas palabras, se sentía un satisfecho en la cara. Parecía que él no dejaba que le engañaran.

* * *

Mi querido lector, no importa dónde hable de Mamish, mi historia no puede ser acabada. Mi tío era el hermano menor de mi padre, su nombre es Muhammad, pero todo el pueblo lo llamaba Mamish. A diferencia de mi padre, Mamish era una persona elocuente que come y bebe en el abismo y cuando le gusta pelear. Mi padre era el único hombre que mi tío temblaba ante él. Los aldeanos recurrían a quejarse  periódicamente del tío de Mamish, y mi padre trataba de convencerlos de que le pasó algo y que no ocurriría de nuevo. Después de que la gente se iba, él enviaba a mí o Mejdí a llamar a nuestro tío Mamish. El tío  Mamish llegaba arrastrándose  lentamente, y mi padre estaba en la trastienda y hablaba con él durante mucho tiempo. Pero el tío Mamish era un hombre testarudo como un buey. Cuando él estaba sentado al final de estas conversaciones, no miraba cara a cara y nos sonría astutamente, cucaba los ojos señalando ligeramente al padre. En ese momento, mi simpatía por mi hermano aumentaba más, y me pareció que habíamos creado un secreto, y ninguno de nosotros sabía sobre esta orden, a excepción de nosotros tres.

Había algo que distinguía al tío Mamish de la comunidad del pueblo: era su coche « Willis ». En un lugar como Bashquechid tener « Willis » significa mucho que ni siquiera puedes imaginar. Especialmente en los meses de invierno, cuando los caminos estaban cubiertos de nieve, Bashquechid se reducía a un estado completamente aislado del mundo, una vez al día en el pueblo de Paz, y Willis de mi tío Mamish sería el único vehículo al que se podía llegar a la ayuda de estas personas. Cuando llegaba el invierno, mi tío Mamish estaba radiante. No sería agradable disfrutarlo cuando nevaba sobre el pueblo. En uno de esos momentos, el tío  Mamish dijo:

-No está nevando dinero, el manat está cayendo del cielo.

 El tío Mamed no decía estas palabras en vano. En los días de invierno paraba su « Willis » en el centro de un pueblo en la madrugada y esperaba pacientemente como un pescador que tiraba gancho. Algunas de las personas que iban a trabajar en el centro del distrito injuraban al conductor del autobús y el gobierno, se marchaban cada uno a su casa.

Los que se quedaban, aún caminaban hacia la pierna del tío Mamish. Su « precio » era bien conocido por todos: desde el centro hasta el centro de la ciudad él tomaba un manat en vez de treinta kopeks. Cuando le digo, Mi lector, no te equivoques. Un manat de ese tiempo era igual a nuestro « Shirvan », tal vez más que eso.

La expresión  » desde el cielo cae manat ni la nieve  » se ha convertido en un eslogan, y cuando comenzaba a nevar todo el mundo en el pueblo decía: « Va a caer manates ». Recuerdo que cuando mi padre supo por primera vez de quien era esta frase, se enfedó mucho.

 -¡Qué mal educado es este hombre! ¿A quién se parece?- murmuró muchísimo.

Se anudó una sólida amistad entre el tío Mamish y Mejdí. A pesar de la insatisfacción del padre, a menudo lo llevaba consigo e incluso le enseñaba a poner al volante de Willis. Decía que Mejdí se pareсía a él, aunque no vi ningún parecido con sus rostros, aunque trataba verlo.

Si tomamos en cuenta tal relación buena entre Mejdí y mi tío, mi padre no creería en él, le dio instrucciones al mismo Mejdí. ¿O dónde está  Mejdí, dónde está   » la realidad objetiva », o la ciencia, el « idealismo subjetivo extremo » o algo así?

                                            * * *

Podemos continuar donde dejamos la historia. Como dije, mi padre no tenía ganas esa noche, tenía un aspecto pensativo, incluso una mirada lastimosa. A menudo iba a la habitación de atrás, al lado de mi madre, y cuando salía, parecía un poco preocupado. Desde la puerta del dormitorio de la madre, vi que sus vecinas la rodeaban. En ese momento en la habitación se encontraba una mujer a quien odiaba en el mundo. Me pareció que los autores de esta casa y los culpables de esto, son las mujeres. Eran a eso de las cinco o las seis de la tarde. Mi padre se puso la chaqueta acolchada y salió de casa apresuradamente. Yo y Mejdí cogimos nuestros abrigos y corrimos por él. Seguimos por la huella que dejó mi padre. Íbamos hacia la casa del tío Memish. Yo no tenía ninguna duda que todos los pasos demostraban que era hora de llevar a mi madre al hospital. Si hubiera otro momento, mi padre nos enviaría a uno de nosotros por el tío. Sin embargo, en este momento tomó medidas y vio que la situación era muy seria.

Por fin vinimos a casa de Memish. En el patio, un perro gris con una barba cubierta y patética ladrando le advirtió. Un poco después el tío Mamish, se asomó la cabeza a la puerta y exclamó:

-¡Pasen! ¿Por qué están allí?- Él nos llamó.

Mi padre impacientemente dijo:

 – ¡No tenemos tiempo, salgamos rápidamente! ¡Saca el coche, vamos!

-¿A dónde? El tío salió al balcón y cerró la puerta detrás de él.

-¡Necesitas traer a mi mujer al hospital, date prisa!

Esperaba que el tío Mamish al escuchar esta noticia estuviera más preocupado que mi padre, y que él bajara corriendo por las escaleras y corriera hacia el garaje. Mi padre adelantó unos pasos más.

– ¡Memish! ¿Por qué estás como un papanatas?

 – Yo… Em … Ahora no puedo ir… Estoy dentro de una hora… No voy.

-¿Qué? – Cuando dices que no puedo ir…

-Ya sabes… Bueno … La gasolina subió a cincuenta centavos, y las ruedas caeyeron en desuso.

No quería creer en mis oídos, y si en este momento quisiera estar a cien pies bajo tierra. Mejdí se escapó detrás del padre, como si estuviera en las sombras y quisiera desaparecerse. Pensé que él tendría razón. « Él que se parece a Mamish y amiga con el tío es él mismo ».

-¡Entonces! ¡No me digas! Mi padre habló de una manera con aire significativo. Me pareció que Mamish escuchó un susurro de lo que le había dicho a su tío.

 -¿Estás borracho?

-Ni siquiera bebí un gramo.

Me pareció que mi padre se volvería la cara en ese momento y se iría. Pero, contrariamente a lo que esperaba, comenzó a negociar:

– ¿Cuántos manates quieres?

-Veinticinco manates.

-¿Veinticinco manates? ¿Te volviste loco?

– Así es… Si fuera un extraño, cobraría más…

– Por supuesto, por supuesto! Muchas gracias por su respeto…

Las partes finalmente se pusieron de acuerdo. El tío Mamish sacó el coche del garaje y al sentarnos en Willis aumentó la velocidad. Antes, no veía al tío Mamish correr tan rápido y nunca volví a verlo. Cuando mi madre estaba en  Willis, Mejdí lloraba, temblaba y al fin se sentó. En cualquier caso, él no perdería la oportunidad de viajar en el coche. Salí y decidí quedarme con él, ¡y no estaba solo en la casa!

Durante el viaje ni mi padre y ni mi tío hablaron. El ruido del motor en rápido movimiento, los nervios de mi madre y las repeticiones indeseadas de la esposa adulta que acompañó a su madre, tampoco relegó a segundo plano.

                     * * *

Al llegar al hospital, a casa de maternidad, ya anochecía. Extendieron a mi madre a la camilla vacía y la llevaron adentro.

Mi papá estaba parado al lado del « Willis » y se acercó al tío que estaba fumando y le dio veinticinco manates que guardaba en la mano. El tío Mamish tomó el dinero sin romperlo, se lo metió en el bolsillo de la chaqueta, se sentó en el coche y se fue. Mi padre regresó a nuestro lado, por un momento miró el automóvil. Comenzamos a correr en el patio de la casa de  maternidad. El anciano, que limpiaba el patio con una pala, hizo una pausa y sacó faltas a mi padre:

-¿Por qué a estos niños les obligas a morirse de frío? ¡Idos a casa! ¡Idos!

Mi padre miró al anciano. Parecía que él no le escuchaba o no entendía lo que él estaba diciendo. Pasó media hora y de repente se oyó el ruido de « Willis ». El coche vino lentamente y directamente se paró cerca de nosotros. Mi tío se asomó la cabeza del coche y nos llamó a todos:

-Bueno, vamos a irnos, no hay nada que puedan hacer aquí, su voz tenía una nota alegre que no encajaba en la situación actual.

Mi padre nos empujó ligeramente detrás de nosotros hacia el coche después de una ligera vacilación:

-¡İdos, chicos! Vendré mañana.

Mejdí, y luego yo subimos al coche. Cuando el Willis tropezó, mi tío se quejó bajo las rodillas:

-Maldición, como si él está dando a luz. 

* * *

El Willis dejó el centro de la ciudad y se dirigió a Bashquechid. Mi tío quería bromear con nosotros un par de veces, pero esto no pasó nada. Encendió la radio del coche y comenzó a buscar sus canciones turcas favoritas, y cuando no encontró nada para escuchar, apagó la radio y comenzó a canturrear. Íbamos un poco más, y él volvió la cabeza y preguntó:

-¿Quién quiere salir? ¡Mira, pararé el coche solo en el pueblo!

No había sonido de nosotros. Luego paró el coche e insistió:

-¡Salid de aquí, vacíaos!- dijo, hasta el pueblo no pararé.

 Salimos del coche. El lado derecho de la carretera había una maleza completamente. En un lugar se encontró un camino pisoteado. Ibamos un poco más allá del camino que de repente Mejdí se enganchó en algo. ¡Después de un rato se escuchó su alegre clamor!

– ¡Bicicleta! ¡Tío Mamish, aquí hay una bicicleta!

El Tío Mamish dijo con voz increíble:

 – ¿Qué dices, qué es una bicicleta en la llanura del desierto?

–  ¡Por Dios! Te digo la verdad.

Llegamos al lugar donde se encuentraba Mejdí.  Levantó las ruedas de bicicleta:

-¿Ves? ¡Mírala!  « 

– ¡Míra! Es absolutamente nuevo.  El tío Mamish estaba sorprendido.

– Buena suerte, amigo. ¡Toma la bicicleta y vete! ¡Mira este…!

-¿Y el dueño?- Mejdí se mostró inseguro. El tío Mamish se enojó:

– ¿Cual dueño? ¿Qué pasó? Estás hablando como tu padre, dijo en voz baja, ¡Ei aparece el dueño, lo devuelves, no comerás hierro!

Pusimos la bicicleta en el coche. El camino Mejdí hablaba sin parar y contaba de su maravilloso descubrimiento. Los ojos serían obvios a la luz de la sala del coche. Tenía que ser alegre, era un verdadero ciclismo « ucraniano », y era muy nuevo. Mi tío también hablaba ruidosamente como Mejdí…

En aquellos tiempos, no arrojaron papel valioso en una bicicleta en la tienda. Su precio fue puesto directamente en la fábrica « Rama ». Miré el precio de la bicicleta detenidamente:

Etimad Bashkechid

(1966)

Es escritor y traductor. Se graduó en el Instituto de Literatura M. Gorki. Trabajó como periodista en diversas publicaciones en Rusia. Actualmente es el Director de la Cátedra de Traducción en la Universidad Eslava de Bakú, y el jefe de redacción del periódico de “El mundo estudiantil”. Empezó su creatividad literaria a principios de los años noventa. Es el autor de los libros “Broy & Panoptikum” y “Mil caminos me dirán”. También ha realizado las traducciones de  obras como “La zona muerta” de S.King, “La semilla de nuez” de L.Anninski, “La poesía épica del héroe nacional” de M.Jirmunski, y otras obras de diversos autores como B.Yevseyev,  F.M.Dostoyevski, M.Meterling, S.Bello, E.Smit o P.Modiano. Obtuvo el primer premio en la competición de “La mejor prosa” de la Unión de Escritores de Azerbaiyán.

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