Mi identidad no importa, solo mi mensaje. Mi hermana ha vuelto a Marruecos tras meses de hospitalización en Nuakchot, pero el resto de mi familia sigue en los campamentos del Polisario en Tinduf, olvidados por la “solidaridad” internacional y los “derechos humanos”.
Los musulmanes e incluso los no musulmanes que han leído lo que dijo el ministro argelino de asuntos exteriores sobre el Profeta (SAS) se han quedado perplejos por hasta donde puede hacer llegar el amor al cargo y a la gestión militar.
El hombre dijo que el Mensajero de Dios (SAS) cito en términos elogiosos a Argelia y, peor aun le hizo criticar a los enemigos de la junta militar argelina.
La locura que alcanza a las altas esferas gubernamentales de un régimen que ya no sabe sobre qué pie debe bailar.
Viviendo en/de la mentira y de la desinformación, el régimen militar argelino a través de su ministro de asuntos religiosos se ha quitado, esta vez la masacrara, mostrando su carácter y su naturaleza mafiosas.
A este régimen no le importa ni la religión ni los usos ni las costumbres. Solo el medio de mostrar, como sea, su supremacía.
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