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CPLATAM El Sahara marroquí: un polo de desarrollo y oportunidades para África Clara Riveros*

Anàlisis

Está claro que Mohamed VI apostó al continente africano. Entre el año 2000 y 2019 Marruecos alcanzó 1629 acuerdos de cooperación con más de la mitad de Estados africanos y ello se debe, principalmente, a las 50 visitas que el rey ha realizado en el continente estrechando relaciones bilaterales, estableciendo alianzas estratégicas a diferentes niveles y redefiniendo la cooperación profunda con diferentes naciones africanas. Todo esto ha redundado en el posicionamiento de Marruecos en África. Cuando Marruecos reclamó su lugar en la UA, a mediados de 2016, el terreno no solo estaba abonado, en realidad Marruecos empezaba a cosechar los primeros frutos en su apuesta decidida por el liderazgo en África.

Clara Rivero es politóloga. Consultora y analista política en temas relacionados con América Latina y Marruecos y directora en CPLATAM -Análisis Político en América Latina-
Septiembre, 2018

En los últimos tres años la Unión Africana (UA) ha ido cediendo respecto del maximalismo del pasado y se ha decantado gradualmente por un enfoque más pragmático en lo que respecta al diferendo regional del Sahara. Marruecos, por su parte, ha reconocido que la política de “silla vacía” fue inconducente, por tanto, retornó a su familia institucional a inicios de 2017 con el apoyo de al menos 39 Estados miembros de la UA. A mediados de 2018, en Mauritania, la Unión Africana acordó no interferir en la cuestión del Sahara sino respaldar los esfuerzos de las Naciones Unidas para hallar una solución. En el primer trimestre de 2019 se celebró la Conferencia Ministerial Africana. Las cinco subregiones del continente estuvieron presentes en la Conferencia de Marrakech. En esa ocasión, la mayoría de Estados africanos —36 países y el anfitrión— respaldaron la búsqueda de una solución realista y mutuamente aceptable a la controversia del Sahara en el marco de las Naciones Unidas y, específicamente, a instancias del Consejo de Seguridad.

La participación y representación mayoritaria de los Estados que integran la UA permitió corroborar, entre otras cosas, que Marruecos ni está aislado ni divide al continente, al contrario, lo aglutina en torno a la búsqueda de una solución realista al diferendo regional norteafricano. La Declaración de Marrakech, suscrita por todos los Estados miembros de la Unión Africana que hicieron presencia en la Conferencia Ministerial, dejó constancia del consenso de la mayoría de Estados miembros de la UA para consolidar la unidad y la convergencia en temas relacionados con el desarrollo del continente y superar las causas de división, escisión y fragmentación que han amenazado la unidad africana durante décadas. Los Estados africanos reiteraron su compromiso de centrarse y concentrarse en las cuestiones prioritarias del continente en consonancia con la Agenda 2063; confirmaron la exclusividad de las Naciones Unidas como marco para la búsqueda de una solución política negociada a la cuestión del Sahara que ha de ser mutuamente aceptable y debe darse en términos de realismo y de pragmatismo; asimismo, apoyaron el mandato de la troika de la UA como mecanismo de seguimiento al proceso político y coincidieron en la necesidad de proteger ese instrumento de las injerencias indebidas que pretendan alterar, interferir o competir con los esfuerzos que adelanta la ONU para encontrar una solución.

Ese 25 de marzo la diplomacia marroquí logró que las palabras más pronunciadas por los representantes de la política exterior de 36 Estados africanos hayan sido pragmatismo y realismo. Los representantes africanos mostraron su interés en que la controversia se resuelva en el marco de las Naciones Unidas, pero además, sus manifestaciones de amistad y reconocimiento para con Marruecos y con Mohammed VI, en un ambiente de cercanía, respeto y fraternidad y donde acogieron con beneplácito la iniciativa constructiva del Reino de Marruecos al convocar la Conferencia de Marrakech, aproximaron el buen clima y las sólidas relaciones bilaterales que Marruecos ha sabido construir con persistencia y constancia en estas dos décadas con buena parte de los Estados africanos. Todo esto explica el apoyo creciente y el reconocimiento de cada vez más Estados africanos a la integridad territorial de Marruecos. Nótese, en ese sentido, la reciente apertura de consulados en las provincias del sur de Marruecos, en pleno Sahara. Gambia inauguró un consulado general en Dakhla esta semana. A Banjul le antecedió Moroni (Unión de las Comoras) con un consulado general que opera en Laâyoune desde el 18 de diciembre (2019). Yamusukro (Costa de Marfil) abrió un consulado honorario también en Laâyoune.

La política exterior marroquí —en relación con el Sahara— responde a la proyección que para las provincias del sur ha diseñado Mohamed VI. El monarca ha señalado reiteradamente su interés en hacer del Sahara marroquí un polo de desarrollo en el continente y para el beneficio de este.

Al comentar con algunas fuentes marroquíes los eventos recientes corroboran el contexto descrito en estas líneas —fortalecimiento ascendente de las relaciones bilaterales entre Marruecos y sus socios del continente africano—; subrayan la decisión de Comoras y Gambia —un reconocimiento tanto a la visión africana de Mohamed VI y al impulso decidido del monarca por la cooperación profunda con el continente, como a la seguridad y a la estabilidad de que gozan las provincias saharianas en un contexto regional complejo—; y, explican que, la apertura de consulados generales, además de ser un acto de soberanía, responde en toda regla a las normas y prácticas diplomáticas de conformidad con la Convención de Viena sobre el establecimiento de las relaciones consulares de 1963. Finalmente, anuncian que pronto otros Estados africanos se sumarán —seguirán los pasos de Unión de las Comoras y de Gambia— en la apertura de consulados en el Sahara durante 2020 y lo harán al menos por dos razones: por un lado, para profundizar las relaciones bilaterales con Marruecos y, por el otro, para prestar servicios consulares a sus ciudadanos (residentes en las provincias del sur de Marruecos en consonancia con la política migratoria que promueve e impulsa el país magrebí). Efectivamente, el Sahara marroquí tiene el potencial para ser un polo de desarrollo y oportunidades para África y para los africanos, pero no se olvide que la región sahariana todavía debe avanzar en la consolidación de otros procesos políticos, económicos, sociales y culturales, como se ha sugerido en diferentes ocasiones.

Clara Riverospolitóloga, consultora y analista política en temas relacionados con América Latina y Marruecos y directora en CPLATAM -Análisis Político en América Latina- ©

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