Cronica desde TindufFeatured

Campamentos de Tindouf 43 años en rodaje

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, internada hace 11 meses en un hospital de Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a poder llegar parte de ellas.

Hablan de “pueblo” que ni siquiera el Uali (el “mártir”) no su hermano, autor y responsable del secuestro de los pastores y robo de sus rebaños en 1975 en zonas que aún no estaban controladas con Mahfud Biba, lo ha pronunciado nunca.

Un “pueblo” de 74 000 almas, de ellas, segun la ONU  el 74% en su pais, Marruecos.

El Uali en los arrabales de Nuakchot. ¿Quién lo asesinó? Brahim El Ghali tiene la respuesta y algunos de sus 40 ladrones también. Pocas semanas antes de su muerte el fundador del Polisario junto a Omar Admi (alias Hadrami), Brahim Ghali y otros, entre ellos Bachir Dkhil, estuvo en Rabat, concretamente en la sede del Partido del Istiklal con dos de sus colaboradores. Lo que explica su asesinato, minuciosamente preparado y diabólicamente ejecutado en las cercanías de la capital mauritana durante una de las primeras agresiones de la banda recién fundada.
Hoy la gente en estos tristes campamentos se pregunta sobre los crímenes de Ghali, tanto por lo que es objeto de órdenes internacionales de búsqueda y captura como los que Argelia se ha comprometido a hacer desaparecer y acallar a las familias de sus víctimas. Lo que explica el humillante vasallaje de Ghali a sus padrinos argelinos.
A uno de sus colaboradores que le pedía pronunciarse sobre esto, le respondió: “Si lo hiciera o si solo lo insinuara me despertaría en una celda de algún país europeo”.
Los que tienen sus manos manchadas de sangre nunca pierden de vista la justicia y viven rehenes de los que los hayan “salvado”… para sus fines.
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