Cronica desde TindufFeatured

Campamentos de Tindouf Año nuevo… año viejo

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, internada hace 11 meses en un hospital de Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a poder llegar parte de ellas.

En casi 43 años, parece que al Polisario y su mentor argelino se les han acabado los falsos argumentos. Las poblaciones de estos tristes campamentos hablan del nuevo año como si fuera el día del juicio.
Un ano más… como el año pasado y como hace cuatro décadas: promesas incumplidas, sombrías perspectivas e inútil y humillante vasallaje a Argelia y sus caciques.
La “republica” de la anarquía y de la impostura: robo y malversación de la ayuda humanitaria y tráficos… tráficos… tráficos, desde hace meses ante los ojos de la gente y en la luz del día. De todo…
La “Republica” del terror. Unos viven… en el extranjero. Otros atados a la vida en estos tristes campamentos donde ya no hay absolutamente nada, salvo las mentiras del Polisario y las promesas de su padrino argelino.
Un anciano me decía hace unos días que desde hace años esperaba que l cúpula del “Frente” se avergonzara un día y pidiera excusas a sus víctimas en estos campamentos. “La fortuna es la tumba de las virtudes”, recalcaba con los ojos mojados el buen hombre.
Ningún instante pasado fue peor. Lo peor que se ha perdido es la dignidad y el legendario orgullo saharauis. “Vivir debajo de las botas argelinas no es dignidad”, dijo inspeccionando los bordes de la gran khaima por si…
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