Cronica desde TindufFeatured

Campamentos de Tindouf: ¡Coletazos!

lejos... muy lejos

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, internada hace 11 meses en un hospital de Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a poder llegar parte de ellas.

Nadie o casi nadie ignora en estos tristes campamentos lo que representa un partido comunista en Dinamarca o en otro país escandinavo. Ni tampoco lo que piede representar un conclave en Pretoria donde la popularidad del CNA se situa, por primera vez en su historia, por debajo del 50%.

Nadie en estos tristes campamentos ignora donde està el Polisario y hacia dónde puede llegar, por qué se dirige a países tan lejanos, dejando a los màs cercanos.

Todo el mundo ha dejado de apreciar los coletazos de la cúpula polisarista en un momento en que la incertidumbre reina sobre el destino de la mayoría de los “dirigentes” nombrados o designados por ex mandatarios militares argelinos.

Inventar éxitos no es una nueva formula en Tindouf, lo nuevo es la patética manera con que se presen tan estos “éxitos” a una población, cada vez màs desconfiada y cada vez màs lejana.

Lejos de Pretoria, las poblaciones de los campamentos están debidamente informados de como viven sus hermanos en su país, Marruecos, qué nivel de desarrollo ha alcanzado el Sahara marroquí.

Una cosa es la realidad y otran diametralmente distinta y distante, la ficción.

 

 

 

 

 

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