Cronica desde TindufFeatured

Campamentos de Tindouf   El comercio de la demagogia Khalil R’Guibi

 

 Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, internada hace 11 meses en un hospital de Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… excluyente, selectiva y casi exclusivamente con una Ínfima parte de los saharauis. 

¿Quién en estos campamentos cree aun las extravagantes alegaciones de la cúpula polisarista?
Desde hace mucho tiempo nadie, con la suficiente sensatez, comprende la tan humillante servidumbre de los “máximos” dirigentes de la banda del Polisario a tan insignificantes cabos o sargentos argelinos.
“Que se postergan, si quieren a quien quieran, pero a mi que no me lo pidan que soy saharaui de pura cepa”, opinaba ayer un anciano en un  alarde de clara protesta por la degradante conducta de los dirigentes de las milicias del Polisario ante suboficiales y hasta simples soldados argelinos.
“Es que todos son la misma cara de la moneda”, contestaba otro más joven indicando que están involucrados en negocios sucios de malversación y venta de la ayuda humanitaria internacional, el contrabando y el narco-trafico.
“Pues… no sabemos lo que estamos haciendo aun en estos campamentos de la vergüenza”, aseveraba un joven antes de rematar “Ard Allah uasiha” (la tierra de Dios es amplia”.
En este nuevo espíritu rebelde en los campamentos, algunas familias se niegan rotundamente a que se les arrebatara a sus hijos para llevarlos a Cuba o a otro destino, probablemente a España donde cobran por evangelizarlos o a la militarización para constituir el embrión de una brigada africana que Cuba está montando en Tindouf.
“Esto no es vivir, sino padecer”, enfatizaba con la mirada perdida en los escombros del desastre tindufiano una mujer.
En los campamentos de Tindouf la ida se ha detenido hace 43 anos…
“de hecho nunca había comenzado vuelve a comentar (protestar)el anciano.
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