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Campamentos de Tindouf: En vísperas… inchaalah

Los campamentos de Tindouf tienen cita con la historia y con el reencuentro

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, internada hace 11 meses en un hospital de Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a poder llegar parte de ellas.

Efervescencia en los campamentos argelinos de Tindouf. Entre la población, especialmente saharaui (en torno al 31%) y sus guardianes argelinos la corriente ha cesado de circular. Oscuridad y confusión totales. Ha desaparecido el miedo y la obsesión y con ellos las brigadas de chivatos y de mandamases.

El régimen argelino o lo que queda de él tiene un ojo sobre su propio pueblo otro sobre sus rehenes en estos tristes campamentos. Algunos de sus oficiales superiores que invirtieron en la tragedia de esta población, prestan màs atención a su negocio saharaui que a lo que pasa en su país. La “osadía” de la población les asusta y los pensamientos en voz alta les atormenta. “Marruecos y no nos conformamos con menos”.

El tiempo al tiempo y la madurez fruto de los acontecimientos. No hay drama que dura mil años ni impostura que no acaba por descubrirse.

Van desapareciendo los intereses “exteriores”. Cuba y ahora Venezuela y África del Sur tienen con qué distraerse.

Los campamentos de Tindouf tienen cita con la historia y con el reencuentro.

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