Campamentos de Tindouf La desbandada… informativa

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Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, internada hace 11 meses en un hospital de Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a poder llegar parte de ellas.

La contradicción… la ilógica… el surrealismo: El Polisario y su mentor argelino ya no saben ni qué decir, ni qué anunciar ni que canción de victoria cantar.

Se contradicen, obligando a la gente a escuchar jun discurso con sentido único y con espeluznantes incongruencias que, más que irritar, hacer reír. No se puede ser esclavo y señor ni doméstico y patrón. Siendo lo que es el Polisario y lo que representa para Argelia, las poblaciones de los campamentos desean tomar distancias con la banda y sus iniciativas de servidumbre gratuita y mortalmente perjudiciales a la dignidad saharaui: dirigentes abofeteados, cultura pisoteada, orgullo insultado. ¿Qué queda?

La gente escruta las posibilidades de… regreso a su país: Marruecos. La verdad desnuda, cruda, resplandeciente: 43 años de impostura, de crímenes, unos con estrella, otros estrellados…

Los campamentos se ahogan en la decepción y la parquedad, solo queda Marruecos y la vuelta a la normalidad…