Campamentos de Tindouf  La era del murmureo

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Campamento de "refugiados" o campo de concentracion

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, internada hace 11 meses en un hospital de Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… preferente y casi exclusivamente con una ínfima parte de los saharauis

A un buen amigo que le pregunté por qué la gente no alza su voz, me respondió espontáneamente que “más del 25% de las ayudas humanitarias internacionales se destina a los chivato”.
  • ¡Tanto!, exclamé
  • Es infinitamente peor. Somos los únicos que padecemos hambre en estos campos de concentración. Los hay que son propietarios de inmuebles en Canarias
Mi amigo, que conozco desde nuestra infancia en Camagüey, en Cuba, nunca se ha pronunciado con tan enfadado acento. Y no es el único. Desde hace meses, las protestas, las críticas y las denuncias desbordan a los chivatos y a los aparatos de represión del Polisario, reforzados desde hace días por extraños elementos que no hablan hassani y que nadie sabe de dónde vienen ni nadie reverla su procedencia.
Los campamentos entran de la desconfianza y de la parquedad. Nadie confía en nadie. Al comienzo era la estrategia dl Polisario hasta que constató que la gente confiaba, cada vez menos en él.
Total: a la hambruna, a la segregación tribal, a la exclusión y a la represión se suma la ley del silencio.
Los visitantes extranjeros de Tindouf lo saben, pero nadir lo denuncia. A su regreso, de paso por Argel, cambian de parecer.

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