Cronica desde TindufFeatured

Campamentos de Tindouf Las contra verdades

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, internada hace 11 meses en un hospital de Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a poder llegar parte de ellas.

Signo de tiempo moral e intelectual: De la misma “revelación” el Polisario presenta cinco o hasta 10 versiones en menos de una hora. La gente ya no sabe sobre qué pie puede bailar, a lo que debe atenerse y lo que debe creer.
Al final, como ya dijimos mil veces, nadie cree a nadie. Se escucha, se asienta con la cabeza (por temor a las folclóricas represalias) y se finge comprender. Al cabo de minutos se vuelve a convocar a la gente y…. así.
Desde Argel, según fuentes dignas de fe, las instrucciones vienen confusas, contradictorias y muy a menudo incomprensibles.
Marruecos que preside el grupo africano en la ONU para octubre: primera versión, segunda, tercera y o acabamos. Al final se ordena que no se hable del asunto.
El Polisario está perdiendo la brújula y en parte la solicitud del mentor argelino, que se muestra, cada vez más vejatorio y despreciativo.
Las poblaciones de estos campamentos viven con un eterno signo de perplejidad y de asombro. Nadie sabe de qué está hecho el mañana.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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