Cronica desde TindufFeatured

Campamentos de Tindouf Miseria disimulada

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, internada hace 11 meses en un hospital de Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… preferente y casi exclusivamente con una ínfima parte de los saharauis.

No pasa día en estos campamentos sin escuchar de diferente manera y con todos los rompecabezas frases y expresiones de admiración por Marruecos y por su rey. “Nuestro país en marcha” es lo que piensa la mayoría en voz baja, murmurando. Se refieren a este rey que sorprende a propios y extraños por su tenaz lucha contra los males sociales y por la implacable instauración del principio de rendimiento de cuentas.
“Aquí no son pocos cuya culpabilidad en la malversación de la ayuda humanitaria internacional, su implicación en el trafico de drogas y en el contrabando y hasta en el de los estatutos de refugiados siguen gobernándonos”.
Aquí, efectivamente nadie puede tocar al argelinizado Ghali ni a sus 40 ladrones. Todo aquí va con comisiones y con la mirada fija…muy fija en la evolución de las coordenados de la función de cuentas bancarias en canarias y en Vitoria y hasta en San Sebastián.
“El ejemplo marroquí” es la palabra más utilizada para denunciar los robos y las malversaciones de la cúpula polisarista y sus cómplices en España.
Nada me gustaría mejor que apedrear a algún visitante a estos campamentos de los hipócritas de Podemos”, revelaba un joven, medio descalzo, indicando con su pulgar sus pies hinchados por una reciente paliza en los calabozos del Polisario en Tindouf.
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