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Campamentos de Tindouf: No apta para separatistas  Khalil R’Guibi

 

 Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, internada hace 11 meses en un hospital de Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… preferente y casi exclusivamente con una ínfima parte de los saharauis.

 Los argelinos comienzan a inquietarse: Los enormes fondos reservados a su Polisario no son más que una inútil dilapidación. La última prueba es la llamada Jadiyetu y Mohtar Sdiahmed, pendiente de una expulsión de Perú después de un millonario despilfarro de los fondos del contribuyente argelino y tras inútiles esfuerzos de la embajada argelina en Lima e incluso desde el ministerio de exteriores pese a domingo en Argel.
Por donde van les expulsan y hacia donde se dirigen cosechan fracasos. Las autoridades argelinas contemplan instaurar un mecanismo de control y de economía de recursos consagrados, hasta hace poco, generosamente a sus milicias del Polisario y que están causando la ruina de Argelia.
En los campamentos las noticias y las explicaciones de la banda del Polisario comienzan a generar ironía y parquedad. Nadie ignora que el “cuento” ha terminado como debía terminar: en expulsiones por donde van y en una cuenta hacia atrás de un espejismo separatista que ya no convence ni al “presidente” argelinizado Brahim Ghali.
Más que espina en la garganta separatista esta humilde crónica y la del Sr. El Hassan Achahbar se convierten en una espiga en el ojo separatista.
Mientras tanto en estos campamentos sigue el éxodo, muy a a menudo de manera heroica y altamente arriesgada. La gente comienza a no hacer ninguna diferencia entre morir y quedarse en estos campamentos de la vergüenza.
Ni Argelia ni su Polisario saben lo que se debe hacer para calmar a esta población decidida a volver a su país: Marruecos. Ni la represión, ni las tentaciones, ni las amenazas sobre la seguridad física de familiares persuade a la gente a irse cuanto màs lejos mejor de Tndouf y su humillación.
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