Cronica desde Tinduf

Campamentos de Tindouf “Se va otro año, agravándose más nuestra tragedia”

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, internada hace 11 meses en un hospital de Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a poder llegar parte de ellas.

“Se va otro año, agravándose más nuestra tragedia”. Es la reflexión más comentada en estos últimos días del 2018. La  gente, vegetando hasta ahora comienza a tomar conciencia de la dilapidación del tiempo y de la vida con el Polisario y su padrino argelino.
“No les han bastado 43 años”, protestaba un anciano sin, no obstante, mencionar directamente los campamentos no el Polisario ni Argelia antes de rematar, ya con media vuelta, de espaldas “Me duelen los jóvenes y los pequeños que se conforman con este caos cuando tienen patria y familia”. Se refería el viejo a Marruecos y a las poblaciones de su Sahara.
Dato de referencia (en estos tristes campamentos): por ser un influyente personaje Rguibi al jeque HBI no le ha ocurrido nada, absolutamente nada salvo los “interrogatorios de rutina a sus cinco hijos”.
Nunca antes y, quizás menos que mañana, Marruecos estivo tan presente en el pensamiento y en los sueños de esta población atada a la vida, viendo como sus “dirigentes” “se forran” y como sus mentores argelinos cobran comisiones millonarias a causa de nuestras lágrimas, nuestro sudor y nuestra tragedia.
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