Cronica desde TindufFeatured

Campamentos de Tindouf ¡Silencio, se tortura!

Secuestro y rescate

Poco importa quién soy ni cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a poder llegar parte de ellas.

¡Silencio en los campamentos, se tortura! Desde hace semanas nos preguntamos si o hay nadie que nos proteja. El Polisario acaba de inaugurar una nueva practica: secuestro y rescate. El olor al dinero es o parece ser irresistible. El Polisario ya no respeta ni nacionalidad española, ni francesa ni siquiera argelina o cubana. Muchos han pagado para “recuperar” a sus hijos y la pregunta es: ¿También esto se lleva a cabo en coordinación con Podemos y no Podemos?

Lo cierto es que las prisiones de estos campamentos de Tinduf ya no caben para tantos secuestrados ni los verdugos del Polisario son suficientes que se apoyan en sus homólogos argelinos.

Pagar o morir. Una frenética carrera contra reloj para reunir la mayor cantidad posible de los billetes.

Nadie de denuncia. Consciente porque ha sido debidamente informada, la prensa española, especialmente la que pretende aportar un nuevo tipo de periodismo como el Diario, tratándose del Polisario y de Marruecos prefieren cerrar los ojos.

Los campamentos con o sin ellos viven los peores momentos de su siniestra existencia.

 Brahim El Ghali y sus 40 ladrones se están “forrando”. “Preparan su jubilación” enfatizan sus víctimas.

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