Campamentos de Tindouf: simulacro de vida sin vida

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En Tindouf pero convergiendo sus tristes miradas hacia su pais: Marruecos

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, internada hace 11 meses en un hospital de Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a poder llegar parte de ellas.

Sí, no cabe duda de que el Polisario ha revisado a una vertiginosa y estrepitosa baja sus “proyectos de futuro”. Desde hace meses, los oficiales argelinos se quedan con el 90% de los ingresos de los tráficos y de la malversación de la ayuda humanitaria internacional. “Migajas… eso es lo que nos dejan”, reconocía recientemente uno de sus “empleados en estas sucias tareas. En contrapartida, Argel les dice y repite a la cúpula de la banda del Polisario que «debe moverse y no con sumir sin esfuerzo”. “Nos tratan como mendigos. Peor aún, como esclavos”. Se quejaba otro en voz muy baja.
La austeridad impuesta por Argelia debido a su asfixiante crisis económica ha obligado a los cabecillas del Polisario a medir más y mejor sus “ambiciones”. Hasta los informes están rotos, las sandalias rotas, el ímpetu roto, la esperanza rota… todo roto. Tindouf: un simulacro de vida sin vida…