Cronica desde TindufCrónicasFeatured

Campamentos de Tinduf Desasosiego…

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf, pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a llegar.

La desbandada. La gente ya no oculta su desconcierto y su turbación. La gente ha dejado de fingir lealtad a quien nunca la mereció. Es responsabilidad de Argelia. A la falta de los productos de primerísima necesidad en este Ramadán y en estos difíciles tiempos del Covid-19, han venido a sumarse la falta de medicamentos y la inmoral ausencia de transparencia.

La gente teme. La gente se siente desamparada. La comunidad mundial tiene la mirada en otras cosas, y los caciques del Polisario aprovechan para ajustar sus cuentas con los que se atreven a pensar. Es responsabilidad argelina. “Pero esta impunidad, como todas las injustas impunidades no durará”. El viejo Suilem sabe de qué habla. Fue, entre otros “altos” cargos aquí en este gulag argelino, “juez” y magistrado en “cortes” militares. Ahora ve, impotente como todos sus servicios a la “causa” no le han servido para salvar a su hijo (único) de las mazmorras del Polisario, solo “porque dijo que esto puede ser mejor”.

La gente vive como puede y como no debe. Ve a sus hermanos, felices, decentes y comprometidos en las ciudades del Sahara marroquí y se pregunta “qué pecado hayan cometido para acabar aquí”.

En Tinduf ha comenzado la cuenta atrás…

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