Cronica desde TindufCrónicas

Campamentos de Tinduf/discurso del rey Pirómanos de papel

44 años… ¡Basta!

 

No importa quién soy ni cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, internada hace 11 meses en un hospital de Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a poder llegar .

Otra inquietud para la dirección del Polisario. Esta vez, por ilustrar el fin de una impostura, muy seria: Todos los medios, aquí, en estos tristes campamentos, son buenos para sofocar o tratar de sofocar el brote de nacionalismo marroquí a raíz del discurso del rey Mohamed VI con ocasión del 44 Aniversario de la Marcha verde.

La gente comenta con elogios y esperanza. La gente que lo sabía y la que no lo sabía tiene país, rey, pueblo y una referencia sólidamente anclada en la historia. La gente se ha cansado de estar dirigida y oprimida por una banda de ávidos mercaderes de odio y de rencor, sacrificando a miles de almas, arrastradas desde sus aldeas y de sus verdaderas familias a este gulag argelino.

El discurso real del miércoles marca nuevas pautas de un despertar que va a tener sus determinantes causas. Lo “de Viva el rey” en voz baja sube y se consolida. Lo de “Viva marruecos” se dibuja de manera fehaciente en los rostros, en las miradas y en el odio que derrocha esta gente hacia la cúpula del Polisario, su mentor argelino y sus cómplices españoles y otros.

El discurso real: el mejor vínculo entre el rey y sus súbditos, rehenes de una desmesurada y surrealista ambición.

44 años… ¡Basta!

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