Cronica desde TindufCrónicasFeatured

Campamentos de Tinduf “Eso ya lo dijeron mil veces antes”

Misma canción

 

Aclaro, de antemano que importa muy poco cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf, pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a llegar.

¿Faltos de argumentos o simplemente cansancio moral y físico? Tanto Argelia como su Sancho Panza polisarista repiten los mismos argumentos de hace 45 año. Para ellos, como para toda impostura, nunca pasa nada ni puede pasar nada. Los mismos argumentos, la misma canción, las mismas muecas y la gente vegetando de manera cruel en este gulag argelino.

“¿Francamente que quieren que os digan?”. Más que pregunta es un alegato de MJFD hasta hace poco nada le faltaba a su Jaima (tienda de campaña) pero por alzar la voz dolido por una injusticia atroz le recordaron que él no era r’guibi y allí está con los “del montón”.

Hoy MJFD reconoce en voz alta que “he visto, he escuchado, he vivido y he sido obligado a acatar atrocidades. Crímenes inimaginables que no pienso ocultar”. “Por ahora no temo por mi porque creo que pago mis crímenes al servicio de Brahim Ghali sino por mi familia”.

Como todos. Cada uno suena con ver el otro lado del telón de acero argelino en los campamentos de Tinduf. Pero ni Argelia ni su Polisario lo ignora n: una vez allí saldrán a relucir todas las verdades de Argelia y su Polisario. Por ello…

Los coletazos del Polisario pueden ser peligroso, sobre todo para su mentor argelino porque ha demostrado que cuando se harta muerde la mano de quien le da de comer.

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