Cronica desde TindufCrónicasFeatured

Campamentos de Tinduf “Fue una pesadilla”

Sueño-realidad

 

No importa quién soy ni cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana en Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a   llegar .

La honorable CH.B. cada vez que habla del Polisario, habla en pasado. Dice la anciana que ha sonado que “esto se acaba” y que “sus autores materiales desaparecen de una manera extraña”.

Dice CH. B con toda la firmeza del mundo que “esto fue una pesadilla” y cuando se le recuerda que aun “estamos en ella” contesta: “es un espejismo. Mañana será otro día”.

La ilusión de abandonar este gulag argelino. El deseo de recuperar, aunque parte del orgullo y la dignidad de los ancestros. El anhelo acariciado día y noche de que este infierno de 43 años no ha sido más que una pesadilla… como cualquier pesadilla y que después de la tormenta venga la calma.

CH.B. como la inmensa mayoría de las ancianas aun con ganas y voluntad de recuperar el tiempo perdido, no lo oculta y no teme de nadie. “A mí no me asustan estos tigres de papel” no me meten miedo”. Dice a quién lo quiera escuchar que le da asco todos los mercenarios, todos los mercaderes de principios y los que, en nombre de valores morales, se pasan la vida confeccionando bandas y milicias.

CH.B. no es la única. Muchas otras y otros más jóvenes comienzan a alzar la voz. “No hay prisiones para todos”.

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