Cronica desde TindufFeatured

Campamentos de Tinduf La sonrisa confiscada

¿El Polisario? Un chiste de mal gusto.

 

No importa quién soy ni cómo me llamo, ni de donde soy ni como he llegado hasta aquí, sino lo que voy a revelar, porque a excepción de una sola hermana, internada hace 11 meses en un hospital de Nuakchot, antes de decidir regresar a su país: Marruecos, toda mi familia (15 miembros entre próximos y lejanos parientes) sigue, como la inmensa mayoría de su población, rehén del Polisario en los campamentos de Tinduf pero esto no lo sabrán a través de España y sus laberintos de “derechos humanos” y de “solidaridad’ internacional… La situación de la población de estos campamentos es real y potencialmente inquietante. Atada a la vida, la gente se pregunta con qué derecho fue sometida a tantas humillaciones y a tantos atentados contra su dignidad saharaui. Cunde la desconfianza y la parquedad. Desaparecen trágicamente la solidaridad, la fraternidad y el amor al prójimo. La gente no busca más que sobrevivir para el día siguiente con la eterna pregunta de que si alguna ayuda humanitaria internacional u otra limosna haya llegado al campamento y, sobre todo, si les va a poder llegar .

¿El exquisito humor saharaui? “Nadie en estos campamentos sabe exactamente lo que espera”. El viejo Brahim lo dice con una fuerte dosis de ironía, él que no ha visto a sus dos hijos, deportados a Cuba cuando tenían apenas 7 años. Hoy son médicos que recorren los países “amigos” y “aliados” donde hay focos de tensión. “Sé que nunca volverán. Es la metodología cubano-polisarista. Nos lo confiscaron”, enlaza entre llanto y sonrisa.

Pero no es solo la población de estos tristes campamentos. En un alarde de suicidio, a la mayoría de los altos responsables del Polisario, la evocación de la “RASD” provoca discretas risas. “Si esto es un ‘Estado’ yo soy Papá Noel”, bromea N.I.O mostrado con su dedo las vetustas tiendas de campaña del campamento. “Que se veas las calles de Layun o Dajla!” Exclama sin animo.

Entre la población, el Polisario y sus dirigentes se han convertido e n tema de anécdotas y de ironía. “Los militantes de la ayuda humanitaria internacional”, acusa J.MI para quien “todo este pobre mundo en estos pobres campamentos no somos más que rehenes”, “Pero ¿quién les va a pedir cuentas?, se lamenta.

Las reflexiones de N.IO, de J.MI o del viejo Brahim n son más que una fiel ilustración del clima de desconfianza, de frustración y de parquedad que prevalece en estos tristes campamentos.

¿El Polisario? Un chiste de mal gusto.

 

 

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